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Reseña: El testigo invisible de Carmen Posadas

Leonid Sednev, deshollinador imperial y más tarde pinche de cocina, tenía quince años la noche del 17 de julio de 1918, cuando un grupo de militares de la revolución bolchevique asesinó brutalmente a la familia Imperial rusa. Leonid fue el único superviviente y testigo invisible de la tragedia. Mucho tiempo después un Leonid ya anciano decide recomponer sus recuerdos y comienza este relato desde los ojos del sirviente de la familia imperial con el que recrea los últimos años del Imperio ruso y el cambio de régimen.

¿Qué nos ha gustado?
- A medio camino entre la verdad y la imaginación: El testigo invisible es una mezcla perfecta entre la vida trágica de los últimos Romanov y la ficción salida de la mente de la escritora nacida en Montevideo, enmarcada, sobre todo, a través del personaje de Leonid. Carmen Posadas adentra al lector en este momento trágico de la historia contemporánea combinando de forma constante los documentos históricos reales y las referencias documentales, con la vida del protagonista, hasta conformar una trama en la que se imbrica de forma simbiótica la verdad y la mentira.
- Escenarios trágicos: los entornos en los que se desarrolla la trama de El testigo invisible son uno de los elementos más destacados de la obra. Posadas imprime a cada uno de ellos una fuerza particular que lleva al lector a “vivir” entre el lujo y el esplendor de los palacios imperiales, con todo el boato propio de los zares, y también en los lugares más sórdidos en los que son abandonados Nicolás y su familia. Todos estos escenarios se convierten en marcos excepcionales de la trágica suerte que corre la familia Romanov, conectados de forma metafórica al paulatino destino decadente al que son sometidos y adaptados a sus vidas como si formaran parte de ellos de forma indisoluble.
- Existo, tú no existes: al igual que ocurre con la trama, el elenco de El testigo invisible es una mezcolanza perfecta entre personajes históricos reales y figuras ficticias que acompañan a Leonid en su particular viaje entre el pasado y el presente de su vida. Posadas acerca con naturalidad, humanismo y bastante mejor caracterización que la que presentaban los protagonistas de La bella Otero, tanto a unos como a otros, de tal forma que la línea entre la realidad y la irrealidad es prácticamente inexistente.

¿Qué no nos ha gustado?
- Fragmentado: los saltos entre el pasado y el presente de la vida del protagonistas hacen que la trama de El testigo invisible quede, finalmente, muy fraccionada. Esto se debe, sobre todo, a que el contraste entre el carácter documentalista que marca la vida de Leonid con noventa y dos años es muy diferente de la imagen más literaria de su yo adolescente, lo que provoca un fuerte contraste entre ambas historias superpuestas que no termina de funcionar.
- Linealidad sin suspense: al empezar la novela in media res, justo por el final de la trama, la obra pierde parte del suspense que Posadas podría haber explotado con una historia tan suculenta como ésta. A pesar de que se aprecian los intentos de la autora por conservar parte del misterio, estos no terminan de cuajar y la linealidad del argumento hace que se pierda parte del atractivo misterio que envolvió la muerte de los últimos zares.

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