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Reseña: El primer y último amor de Nora Roberts

En la pequeña ciudad de Boonsboro, la familia Montgomery trabaja contrarreloj para convertir el histórico hotel, casi en ruinas, en un elegante hospedaje lleno de encanto. Los preparativos para la inauguración avanzan a buen ritmo y Owen Montgomery, el más organizado de los tres hermanos, controla cada detalle del trabajo. Lo único que no podía prever eran los sentimientos que Avery MacTavish despiertaría en él. Avery es la dueña de la pizzería de delante del hotel y está fascinada por el proceso de renovación. Se interesa por el diseño de cada rincón, y Owen está más que dispuesto a enseñarle los progresos diarios. En el colegio, Owen había sido su primer novio y desde entonces siempre ha ocupado un lugar especial en su corazón. Sin embargo, Avery no está preparada para volver a enamorarse, y este primer amor tendrá que luchar y esforzarse mucho para reconquistarla.

¿Qué nos ha gustado?
- Creciendo poco a poco: tanto Owen como Avery son dos personajes muy bien pensados y construidos que evolucionan y cambian bajo la atenta mirada del lector. La relación que se crea entre ambos es igualmente interesante y cambiante ya que se construye paso a poso, sin acelerones ni flechazos acelerados.
- Una veterana del género: Nora Roberts lleva a sus espaldas un gran número de novelas de románticas. Esta larga experiencia queda plasmada, sobre todo, en la fluidez con la que la autora se mueve dentro de este tipo de novelas. El estilo fresco, distendido que vimos en Siempre hay un mañana vuelve a marcar El primer y último amor aunque, en esta ocasión con mas claridad en los diálogos que su predecesora.
- Descubriendo secretos: en el apartado de los personajes secundarios, destaca, sobre todo, el peso que le da Roberts a Lizzie, el fantasma que habita el hotel. Se echó en falta en Siempre hay un mañana una mayor profundidad sobre esta figura que pasó muy desapercibida a pesar de su atractivo. En El primer y último amor, Roberts corrige este fallo y adentra al lector en el pasado de Lizzie, una de las mejores figuras de la novela.

¿Qué no nos ha gustado?
- Copiando lo anterior: leer El primer y último amor es igual que adentrarnos una vez mas en Siempre hay un mañana solo que con otros personajes diferentes. Poco o nada ha incorporado Roberts de novedad en esta novela con respecto a la anterior, ni en el apartado ambiental ni tampoco con respecto a los acontecimientos. Por eso para quienes prefieran algo innovador, El primer y último amor no es la mejor opción.
- Exceso descriptivo: después de que Roberts nos muestre a través de párrafos y párrafos cómo es el hotel que sirve como contexto a la novela unas cuantas veces, acabamos por odiar profundamente este entorno, que podría haber ganado fuerza y, sin duda, resultar mas atractivo de lo que es si la autora no incidiera tanto sobre sus características.

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