lunes

Reseña: El constructor de árboles de Chris Howard

Banyan es un constructor de árboles. Los fabrica, usando chatarra y trastos viejos, para los ricos que buscan un alivio al desolado paisaje. En realidad Banyan nunca ha visto un árbol de verdad, porque todos desaparecieron hace más de un siglo, pero recuerda las historias que su padre le contaba sobre el Viejo Mundo. Aunque eso fue antes de que su padre también desapareciera... Todo cambia cuando conoce a una mujer con un extraño tatuaje y decide iniciar un viaje en busca del paradero de los últimos árboles. Mientras intenta escapar de los peligros que acechan en las Tierras Yermas, Banyan descubrirá la verdad acerca de su familia, su pasado, y lo que algunas personas son capaces de hacer para recuperar los árboles.

¿Qué nos ha gustado?
- Concisión asegurada: la prosa de Chris Howard puede resumirse en dos adjetivos claros: precisión y concreción. El autor no se pierde en largas descripciones del entorno ni en narraciones empastadas. Todo se reduce a frases cortas, muy bien entrelazadas, a las que el autor imprime un cierto carácter de suspense para mantener la intriga del lector a lo largo de la obra.
- Queriendo más y más: la principal ventaja de El constructor de árboles es la capacidad de la trama para atrapar al lector desde los primeros capítulos. El dinamismo, la intriga y los constantes giros imprevistos que subyacen bajo todos ellos hacen que la obra no tarde en convertirse en un no parar que nos llevará hasta el final sin descanso y sin casi darnos cuenta.
- Mensajes encubiertos: aunque la trama de El constructor de árboles es esencialmente una distopía con ciertos toques de romance, Howard no pierde la oportunidad para insertar, de vez en cuando, algunos mensajes encubiertos sobre aspectos socio-políticos de gran calado, como el cuidado del medio ambiente o la marginación social. Sin embargo, el autor sabe introducir estas temáticas de forma tan sutil que nunca se hacen realmente pesadas para el lector y acompañan la trama sin resultar un añadido moralista sobrante.
- La pareja imperante: Alpha y Banyon son dos personajes que solo pueden calificarse como brillantes. Deslumbran dentro de la trama por lo bien construidas que están sus personalidades y la relación que surge entre ellos resulta tan real, tan cotidiana, que el lector no tardará en sintonizar con ambos sin problema.

¿Qué no nos ha gustado?
- Sin respuestas: la capacidad descriptiva de Howard hace que el lector se adentre en el mundo diatópico de El constructor de árboles como si estuviera junto a Banyon en su periplo para salvar los árboles. No obstante, se echan en falta algunas respuestas adicionales en torno a este universo que quedan sin resolver como, por ejemplo, ¿por qué ha desaparecido el oxígeno? o ¿cómo viven los humanos sin aire? Howard pasa por alto algunas cuestiones que, aunque no suponen en error imperdonable, sí dificultan un tanto la contextualización de los acontecimientos.

Artículos relacionados
Cenizas de Mike Mullin
Planeta 86 de Dan Abnett
Desconexión de Neal Shusterman
La hora del mar de Carlos Sisí

1 comentarios :

Esta novela es interesante y curiosa. Recuerdo que lo que más me llamó la atención desde un principio fue el lenguaje directo (y un pelín macarra) con el que se expresa Banyan. Aún así, pronto se sumó una cierta intriga a la evidente falta de subordinadas...
Banyan se esfuerza en buscar un mundo mejor, un mundo donde aún crecen los árboles, pero, para conseguirlo, averiguará un montón de crueles verdades que seguramente hubiera preferido ignorar...

Publicar un comentario