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Especial: Literatura americana

Aunque la literatura norteamericana es menos extensa y prolífica que la de los países del Viejo continente, los EE.UU. han dejado tras de sí una larga lista de obras maestras, algunas de ellas más conocidas que otras, pero que también forman parte de los grandes tesoros literarios del pasado siglo.

Mi Antonia de Willa Cather

LO MEJOR: aunque Mi Antonia está considerada como una de las obras maestras del realismo norteamericano, el libro estrella de Willa Cather es, ante todo, una novela de personajes, en la que el autor se adentra en el alma de los protagonistas, especialmente en la de Antonia, con meticulosidad y profundidad. Cather hace sentir al lector todos los sentimientos encontrados que se entremezclan en la novela con intensidad, construyendo las personalidades de cada figura con precisión quirúrgica. Merece la pena leer Mi Antonia aunque solo sea para disfrutar con las perfectas caracterizaciones que hace el autor.
LO PEOR: para un lector impaciente, Mi Antonia puede resultar una novela difícil de leer por culpa de las interminables descripciones que dominan todo el argumento y ralentizan el ritmo, muchas veces, de forma excesiva.

La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne
LO MEJOR: La letra escarlata puede ser considerada sin problema el paradigma absoluto de la evolución narrativa de personajes. A diferencia de otros autores, Nathaniel Hawthorne no solo explora la personalidad de los protagonistas sino que les hace evolucionar, cambiar y transformarse de forma increíble a lo largo de toda la trama. Nada que ver tienen los personajes con los que nos topamos al principio y los que finalizan la novela, más perfeccionados y carismáticos.
LO PEOR: La letra escarlata es una novela que exige una cierta capacidad por parte del lector. No es una obra que se lea con sencillez puesto que el argumento puede resultar un tanto plomizo en algunas partes y el estilo de Hawthorne –denso y lento– quita en algunos momentos las ganas de llegar a la última página.

El ángel caído de William Hjortsberg
LO MEJOR: El ángel caído es una de las mejores novelas de terror que se han escrito en el panorama norteamericano. William Hjortsberg imprime a los acontecimientos una fuerza narrativa que nos hace vibrar con cada detalle y la atmósfera de suspense que envuelve a los personajes resulta escalofriante. El autor no solo consigue intrigar al lector gracias a un cuidado misterio sino que, al mismo tiempo, le hace sentir el miedo en toda su intensidad.
LO PEOR: la prosa de Hjortsberg no es lo mejor que tiene El ángel caído. Su estilo resulta a veces demasiado aséptico, frío y carente de sentimiento, y en algunos capítulos se deja entrever algún que otro cliché narrativo que acaba repitiéndose con pesadez.

Retrato de una dama de Henry James
LO MEJOR: poco se puede decir que no se haya dicho ya sobre la excepcional capacidad de Henry James como escritor y, aunque el autor tiene en su haber obras maestras de la literatura universal, Retrato de una dama es, sin duda, una de las mejores. La trama es compleja, conformada por múltiples líneas paralelas que enriquecen la historia, y protagonizada por unos personajes que son inmejorables, a pesar de lo numeroso que es el elenco.
LO PEOR: los diálogos son lo peor que tiene Retrato de una dama y no, precisamente, porque estén mal construidos sino por lo larguísimos que resultan. Tampoco los monólogos resultan muy llevaderos ya que son igualmente extensos y demasiado frecuentes.

Nuestra Carrie de Theodore Dreiser
LO MEJOR: Nuestra Carrie es uno de los retratos literarios más bonitos y profundos que se han hecho hasta la fecha sobre la naturaleza humana. Se aprecia a la perfección que Theodore Dreiser es un autor que sabe muy bien cómo diseccionar los sentimientos y plasmarlos sobre el papel, haciendo comprender al lector toda la profundidad que se oculta tras el miedo, el amor o las contradicciones emocionales que experimentan los personajes.
LO PEOR: Dreiser tiene un estilo narrativo muy particular, florido y retorcido, excesivamente barroco en muchos casos. Esto, unido también a la continua inserción de digresiones filosóficas que pueblan la trama, hacen de Nuestra Carrie una novela de desarrollo muy lento que puede desesperar a los lectores más impacientes.

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