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Reseña: El tango de la guardia vieja de Arturo Pérez Reverte

Un extraño desafío entre dos músicos, que lleva a uno de ellos a Buenos Aires en 1928; un asunto de espionaje en la Riviera francesa durante la Guerra Civil española; una inquietante partida de ajedrez en el Sorrento de los años sesenta...Los protagonistas, Max Costa y Mecha Inzunza, tienen el poder cautivador que sólo poseen los grandes personajes de ficción. Su historia compartida, las aventuras e intrigas que les es dado en suerte vivir, se suceden a lo largo del convulso siglo XX en tres escenarios distintos.

¿Qué nos ha gustado?
- El lado dulce de Reverte: El tango de la guardia vieja es una novela cargada de romanticismo, de ese que no empasta ni tampoco cansa y que en vez de deparar páginas y páginas de escenas cargadas de almíbar deja tras de sí una estela dulce y amarga, al mismo tiempo, profunda, pensada para conmover. Arturo Pérez Reverte ha hecho una labor excepcional al recrear la melancolía y la belleza del amor gracias a la relación que mantienen a lo largo del tiempo los dos personajes centrales, evitando, con tino, los lugares comunes y los tópicos más recurrentes en los que se suele caer en este tipo de novelas.
- Intercalando tiempos: El tango de la guardia vieja está narrada desde diferentes perspectivas temporales a través de las cuales Pérez Reverte muestra al lector todo el pasado, el presente y el futuro de los personajes. Aunque esta técnica resulta siempre un riesgo debido a su complejidad narrativa, el autor hace un uso excepcional de la misma. Los distintos planos se suceden con naturalidad, sin romper en ningún momento el fluir de la trama, al tiempo que la visión de conjunto que forman todos ellos se crea poco a poco, con magistral precisión.
- Siente: en El tango de la guardia vieja la prosa de Pérez Reverte experimenta un cambio bastante sustancial con respecto a la saga de Alatriste. En esta última vimos al Reverte más efectivo, el de las aventuras puras y las historias de traiciones y honor. Pero en El tango de la guardia vieja nos adentramos en una narrativa contemplativa, casi poética, que evoca constantemente los sentidos del lector para hacerle sentir lo que sienten los personajes con la misma intensidad. Especialmente ilustradora es la escena del tango que los dos personajes principales protagonizan en la cubierta del barco en el que viajan y en la que, mediante una excepcional descripción, el lector no solo percibe cada movimiento con una nitidez asombrosa sino que capta las notas de la música, el olor del mar y hasta el tacto de las vestimentas como si fuere él quien está bailando.
- Una pareja inolvidable: los dos protagonistas de El tango de la guardia vieja, Max y Mecha, son dos personajes a los que pocos, o mejor dicho, ningún defecto puede sonsacarse. Pérez Reverte realiza una muy buena caracterización de ambos y sus figuras experimentan una constante evolución que servirá al autor, no solo para enriquecer su papel como personajes sino también para mostrar a través de ellos una metáfora de la propia vida, de sus complejidades y sinsabores.

¿Qué no nos ha gustado?
- Simbolismo encubierto: El tango de la guardia vieja es una novela que encierra una enorme cantidad de símbolos y metáforas que no solamente se imbrican en la prosa sino también en los objetos y los personajes que forman parte de la trama. Este detalle, como puede entenderse, no es algo negativo en sí mismo sino todo lo contrario. Aún así, sí es importante señalar, a modo de advertencia más que de crítica, que comprender todo el significado y la belleza de estas metáforas, no es tarea fácil y resultará una complejidad añadida para los lectores menos acostumbrados a este tipo de giros simbólicos

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2 comentarios :

Me llama la atención en la obra El Tango de la Guardia Vieja la nula importancia que se da al personaje Sr Armand d´Troeye. Es un Señor intelectívamente maduro, cultivado y sensible y por ello es el Héroe contracorriente victoriana , es el Héroe libertario de la represión sexual femenina que no obliga, desinhibe , dando la libertad de elección a Mecha. Esto, por su mediocridad, no lo habría hecho Max de ser Mecha su esposa, una esposa que languidecería soñando con Arman d´Troeye y todo cuanto la ofrecía ,especialmente su libertad de elección, de haberle abandonado por el vulgar, corriente, masivo Max cuyo tiempo de ocio lo pasaría no cultivándose si no viendo, quizá, el futbol.

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