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Reseña: El oro de Esparta de Clive Cussler

En el año 1800, mientras cruzaba los Alpes Peninos con sus tropas, Napoleón realizó un hallazgo asombroso: un tesoro persa perdido hacía siglos. Incapaz de transportarlo, dibujó en doce botellas de vino un enigmático mapa. a A su muerte, el emperador se llevó consigo su último secreto, pues la curiosa bodega se dispersó por el mundo. Sam y Reimi Fargo, dueños de la fundación Fargo, están rastreando tesoros en Maryland. Lo que hallan en el fondo de un pantano no es lo que esperaban: un pequeño submarino de la Segunda Guerra Mundial. En su interior hay una extraña botella, que tal vez perteneciera a la mítica reserva personal de Napoleón. Fascinados por el descubrimiento, no tardarán en emprender la búsqueda del resto de la colección.

¿Qué nos ha gustado?
- Uniendo las piezas: Clive Cussler ha hecho un trabajo excepcional en cuanto a la construcción del misterio que centra la trama. Los personajes, y con ellos el lector, se verán inmersos en un torbellino de pistas crípticas y puzzles inconclusos cuya resolución será la clave esencial del atractivo de El oro de Esparta.
- Ligera y entretenida: la trama de El oro de Esparta es rápida, dinámica y, sobre todo, entretenida. El lector encontrará algunos capítulos intermedios algo repetitivos pero, a grandes rasgos, la novela ofrece unas interesantes horas de lectura entre misterios enterrados y aventuras al estilo Indiana Jones.
- Estilo efectivo pero no brillante: la prosa de Cussler en El oro de Esparta no deslumbra por su complejidad ni tampoco por su perfección –de hecho, hay algunas frases manidas aquí y allá y algún que otro lugar común que no pasa desapercibido– aunque sí cumple con su cometido de evocar los escenarios y mantener en vilo al lector en todo momento.

¿Qué no nos ha gustado?
- Estereotipos al poder: como viene siendo habitual en las novelas de Cussler, los personajes de El oro de Esparta no son, precisamente, lo mejor que tiene la obra. Demasiado enmarcados en los clichés literarios y lastrados por personalidades que no ofrecen nada nuevo al lector. Por supuesto, siempre hay hueco para las excepciones y la figura de Yvette Fournier-Desmarais aporta algo de colorido al empobrecido elenco.
- Retomando viejas ideas: después de unas cuantas obras publicadas y una larga lista de thrillers a sus espaldas, la originalidad no es la gran apuesta de El oro de Esparta. Es más. No faltan los giros que recuerdan, sospechosamente a novelas anteriores de Cussler ni los acontecimientos con aires de deja vu que encontramos de vez en cuando diseminados por la novela.

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