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Reseña: Una tienda en París de Màxim Huerta

¿Alguna vez has pensado empezar de cero en otra ciudad? Fue entonces cuando todo cambió. Justo al acercarme a aquel viejo cartel de madera escrito en francés que vendían en un anticuario improvisado de Madrid. Aux tissus des Vosges. Alice Humbert. Nouveautés. Entré sin decir nada. Tenía la mirada perdida del que logra lo que quiere. En pocos segundos presentí un vuelco y una irreprimible necesidad de cambiar de vida. Traducido quería decir: tejidos de los Vosgos, Alice Humbert, novedades. Signifi caba más, mucho más... Màxim Huerta nos transporta al París de los felices años veinte de la mano de dos mujeres maravillosas, irresistibles y arrebatadoras. Una novela conmovedora, sensible y terriblemente sentimental que te hará soñar. Sin duda alguna, el libro más romántico del año.

¿Qué nos ha gustado?
- El símbolismo de la pintura: durante toda la novela, Màxim Huerta utiliza la pintura como nexo de unión entre Teresa y Alice hasta convertir la afición frustrada de una y el talento natural de otra en el punto de conexión que conjuga todo el argumento. Pero, al mismo tiempo, este nexo se convierte en un interesante paralelismo simbólico de las distintas vidas de las protagonistas, que ven en su amor por la pintura un reflejo de su día a día. Este carácter metafórico se aprecia especialmente en la historia de Teresa cuya incapacidad para dibujar encuentra su paralelismo en su vida personal a través de su conflicto con su tía Brígida.
- Paseando por la ciudad de las luces: Una tienda en París está escrita con delicadeza y precisión, la misma combinación que encontramos en su momento en El susurro de la caracola. El autor demuestra un gran dominio del lenguaje y, sobre todo, una gran capacidad evocadora para reconstruir la belleza parisina y el ambiente de cada una de las épocas en las que se enmarcan las protagonistas.
- Lo que importa es el interior: Una tienda en París es una novela introspectiva, en la que prima la descripción de las emociones de las protagonistas en lugar del desarrollo de la acción. Desde luego, Huerta hace un retrato preciosista de los sentimientos de Alice y Teresa, que inserta al lector en sus corazones aunque no llegue a imbricarles en sus vidas.

¿Qué no nos ha gustado?
- Somos la misma persona: Huerta utiliza el punto de vista doble para conducir la trama de Una tienda en París, de tal forma que las dos protagonistas de la obra, Teresa y Alice se convierten en narradoras de sus propias existencias. Sin embargo, a pesar de que cada una es un personaje diferente y que están separadas por varias décadas, sus voces dentro de la narración son idénticas, sin que el lector pueda distinguir la particularidad de cada una. Parece como si Huerta hubiera desdoblado una misma figura en dos, eliminando cualquier atisbo de singularidad.
- Sácale más partido: si hay algo que choca en Una tienda en París es la poca originalidad de la trama. La historia que nos presenta Huerta es bastante típica, sin grandes sorpresas, y con un cierto carácter previsible. De hecho, algunos giros pecan incluso de conveniencia y resultan muy poco convincentes. Da la sensación de que el autor no aprovecha todos los recursos literarios de los que dispone y se queda en la superficie de una historia que podría haber dado mucho más de sí.

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