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Reseña: Pretoriano de Simon Scarrow

En el año 51 d.C., Roma se ha convertido en una ciudad demasiado peligrosa, incluso para el emperador Claudio. La traición acecha en cada recodo, en cada callejuela, tras cada columna. Por si fuera esto poco, el poder de un movimiento republicano clandestino ha extendido sus tentáculos por todas partes y parece que ha conseguido infiltrarse incluso en la Guardia Pretoriana, y su propósito parece ser acabar con la vida de Claudio. Llegados a este punto, el emperador decide poner el asunto en manos del secretario imperial, Narciso. El enemigo íntimo de Macro y Cato sabe que puede contar con la lealtad absoluta de esos dos veteranos hacia Claudio, y que no pondrán reparos a una misión sumamente arriesgada: infiltrarse en el cuerpo de élite romano, que apesta a corrupción.

¿Qué nos ha gustado?
- Haciendo alarde de talento cuando hay peleas: al igual que en sus anteriores novelas, Simon Scarrow utiliza en Pretoriano una prosa directa y sencilla, más efectiva que artística, que aboga por los diálogos rápidos y las descripciones concretadas. Pero donde se aprecia de forma más clara el talento narrativo de Scarrow es en las escenas de acción, en las que el autor norteamericano da la mejor de sí mismo hasta insertar al lector en pleno corazón de las luchas en las que se encuentran Macro y Cato.
- Probando algo nuevo: comparada con las anteriores obras, Pretoriano es una novela muy diferente, casi opuesta. Los escenarios bélicos de las legiones romanas han quedado sustituidos por los intricados pasillos palaciegos y la esencia de acción y sangre que primó en El águila del imperio o en Las garras del águila queda sustituida por una línea más cercana al suspense y a la literatura negra. Este cambio, aunque no supone, en absoluto, una modificación negativa, sí puede resultar decepcionante para aquellos lectores que buscan en las obras de Scarrow más luchas cuerpo a cuerpo y menos especulaciones detectivescas.
- Cato es el líder: uno de los detalles que más se agradecen de Pretoriano es la evolución psicológica que experimenta el personaje de Cato. Su figura se vuelve más madura de lo que fue en La legión y su presencia adquiere una importancia esencial para la trama. No tan perfecta resulta, sin embargo, la evolución de su compañero de aventuras, Macro, que queda relegado a un incómodo segundo plano.

¿Qué no nos ha gustado?
- Demasiado pegado al presente: el mayor defecto de Pretoriano es un fallo que viene ya repitiéndose en casi todas las obras de Scarrow. En algunos capítulos, el lector tiene la impresión de que los personajes y los acontecimientos no responden a la época en la que están inmersos sino que más bien parecen sacados del siglo XXI e insertados en el mundo romano casi con calzador. Desde luego, la rigurisodad y la coherencia histórica no es la gran ventaja de Pretoriano ni de ninguna de las obras de Scarrow.
- Disminuyendo la velocidad: Pretoriano es una novela que no deslumbra, especialmente, por su dinamismo. De hecho, en algunos capítulos, la trama se vuelve bastante lenta, anclada por las indagaciones de Macro y Cato y lastrada por la falta de acción general que prima en los acontecimientos.

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