jueves

Reseña: Noches azules de Joan Didion

«Durante las noches azules uno piensa que el día no se va a acabar nunca. A medida que las noches azules se acercan a su fin (y lo hacen, lo hacen siempre) uno experimenta un escalofrío literal, una visión de enfermedad, en el mismo momento de darse cuenta: la luz azul se está yendo, los días ya se están acortando, el verano se ha ido. Este libro se titula Noches azules porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los días, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz. Las noches azules son lo contrario de la muerte de la luz, pero al mismo tiempo son su premonición.»

¿Qué nos ha gustado?
- El centro soy yo: Noches azules es una novela más individualista de lo que fue El año del pensamiento mágico, ya que en su último trabajo, Didion no recapacita de forma general sobre las consecuencias de la pérdida de un ser querido como hizo en su novela precedente, sino que se centra en las repercusiones que la muerte de Quintana tiene para ella misma, exclusivamente. A través de su narración el lector percibe el temor de la autora, sus miedos más profundos, sus pensamientos sobre el dolor personal pero nada más allá. Aun así, a veces da la sensación de que Noches azules es un intento de redención personal más que una novela dramática pensada para el público lector.
- La maestría de la prosa: Joan Didion es una autora ante la que solo podemos dedicar alabanzas en cuanto a su estilo narrativo. El uso que hace de la lengua y del vocabulario es impecable, poético y mágico. Y la recreación sentimental es, sencillamente, magistral. Solo por disfrutar de la narrativa de la autora merece la pena la lectura de Noches azules.

¿Qué no nos ha gustado?
- Otra vez reflexionando sobre la pérdida: Didion recupera en Noches azules el mismo eje temático que ya empleó en su anterior novela, El año del pensamiento mágico, reflexionando, una vez más, de forma introspectiva, sobre el dolor ante la ausencia de un ser querido –en esta ocasión la de su hija Quintana–. Esta repetición puede resultar aburrida para aquellos lectores que ya leyeron El año del pensamiento mágico puesto que una y otra novela son muy similares entre sí, sin que la autora aporte nada nuevo.
- Demasiado apresurada: conforme el lector se va adentrando en las páginas de Noches azules, no deja de tener la sensación de que la novela tiene algunos puntos débiles de los que carecía, por el contrario, El año del pensamiento mágico. Los acontecimientos se suceden de forma demasiado brusca, la estructura narrativa aparece fragmentada en exceso y los sentimientos se desdibujan y entremezclan sin que quede claro la distinción entre unos y otros. Está claro que Didion no ha trabajado la calidad narrativa de Noches azules tanto como su novela precedente.
- No hay personajes: tal vez, en parte por la fragmentación estructural que lastra Noches azules, se echa en falta en la última obra de Didion una mayor caracterización de los personajes. La figura central, Quintana, aparece meramente perfilada y su personalidad es difícil de percibir por el lector. Lo mismo ocurre con la propia autora cuya presencia dentro de la obra no resulta atractiva ni carismática en ningún momento.

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