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Reseña: Nada es para siempre Ali Cronin

El grupo de amigos de Sarah es de lo más diverso: Ashley, la transgresora y feminista; Rich, el amigo perfecto, siempre adorable; Donna, la fiestera y despreocupada; Jack, el deportista responsable; Cass, la dulce y eterna emparejada; Ollie, el divertido ligón del grupo... Y Sarah, bueno, Sarah es romántica e inocente, acaba de tener su primera relación sexual con un chico universitario y está locamente enamorada de él. Todo va bien, parece su chico ideal, pero pronto la idea que tiene de él cambiará y tendrá que refugiarse en sus amigas.

¿Qué nos ha gustado?
- Profundizando en los problemas del corazón: Nada es para siempre es una novela que acerca al lector un retrato bastante fiel del primer amor desde distintas perspectivas y cómo los adolescentes se enfrentan a las vicisitudes de un terreno aún desconocido para ellos. No solo es Sarah quien reflexiona sobre sus sentimientos sino que, indirectamente, sus amigas también van ofreciendo sus propios puntos de vista, todos ellos muy diferentes, pero complementarios entre sí.
- Siento lo mismo que tú: la protagonista de Nada es para siempre es una figura muy adecuada para sintonizar con el público adolescente. Sus problemas son realistas y cercanos y su voz narrativa resulta atractiva y fácil de seguir. Igualmente, las figuras masculinas, sobre todo Ollie, Rich y Jack consiguen destacar incluso aunque su presencia no es muy frecuente en la novela gracias a su gran caracterización.
- Adentrándonos en el mundo adolescente: aunque la autora haga mucho hincapié en los aspectos más psicológicos y emocionales de los personajes, la trama de Nada es para siempre es rápida y muy dinámica. Difícilmente aburrirá al lector y, por el contrario, ofrecerá una imagen bastante real del entorno adolescente, con una visión optimista aunque no idealista del mismo.

¿Qué no nos ha gustado?
- Sin que se invente nada: Nada es para siempre es una novela bien planteada, con un trasfondo interesante, pero que tampoco ofrece una premisa demasiado original. De hecho, son muchas las obras que han abordado esta misma temática a través de un planteamiento similar como Un beso en París de Stephanie Perkins o Simplemente escaparme contigo de Francesco Gungui, por poner algún ejemplo más reciente.
- Soluciones arregladas: algunas de las resoluciones que encontramos en Nada es para siempre tienen más de ajuste de última hora que de solución bien pensada y resultan algo forzadas. Esto es especialmente claro en la conclusión de la novela, que se ajusta para ofrecer al lector un final ‘feliz’ cueste lo que cueste.

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