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Reseña: Los litigantes de John Grisham

En un barrio degradado del sur de Chicago se encuentra el bufete de abogados Finley & Figg. Defienden a algún conductor borracho, tramitan divorcios sencillos y sobre todo buscan clientes en los pasillos de urgencias de los hospitales cercanos. Desde hace veinte años se ganan mal la vida juntos y discuten a diario como un matrimonio. Pero todo esto cambiará con la llegada de David Zinc, un joven abogado totalmente quemado de su experiencia en un gran bufete prestigioso. Se topa con ellos el día en que decide que no aguanta ni un minuto más y se marcha de su oficina para emborracharse hasta caer redondo en la puerta de Finley & Figg. Cuando recobra la sobriedad, les pide trabajo. Ahora que son tres abogados les llega el caso más importante de sus vidas, un caso con el que podrían ganar una fortuna, pero en el que ninguno de ellos tiene ni la experiencia ni los conocimientos para afrontar.

¿Qué nos ha gustado?
- Humor salido de los despachos: Los litigantes es una de las pocas obras de John Grisham en la que las carcajadas no faltarán. Los diálogos son realmente divertidos y algunos de los personajes parecen estar pensados para hacer reír al lector únicamente. Acostumbrados al estilo sobrio y casi legalista del autor, este giro humorístico no solo se agradece sino que también aporta algo diferente a la trayectoria de un autor que empezaba a encajonarse en una misma temática con demasiada asiduidad.
- Respirando de nuevo: los protagonistas de Los litigantes han ganado, con respecto a las figuras precedentes del autor, una mayor riqueza narrativa y una clara tridimensionalidad. Al fin, volvemos a ver una caracterización más que decente y unas personalidades coherentes con las circunstancias; algo que había desaparecido por completo en El intermediario o en El asociado.
- Volviendo a lo grande: en los últimos años, Grisham había deparado a sus incondicionales novelas de poca o nula calidad que decepcionaron a los lectores y que consiguieron crispar a los críticos. Con Los litigantes, el autor norteamericano deja atrás esta mala racha para presentarnos una obra que recupera gran parte de la magia inicial con la que nos cautivó allá por el año 1993 con El cliente y que esconde al mejor Grisham en años.
- Una trama que solo puede ser de Grisham: el argumento de Los litigantes mantiene la estructura más típica de las novelas de Grisham. Una trama que gana en intensidad conforme se van desarrollando los acontecimientos y que engancha y entretiene a partes iguales hasta culminar en un final de esos que dejan al lector con el corazón en un puño. Eso sí. Un poco predicable sí es, aunque, a pesar de ello, Grisham consigue mantener la atención de su público de principio a fin.

¿Qué no nos ha gustado?
- Los malos siempre malos: cuando llevas leídas unas cuantas novelas de Grisham sabes, perfectamente, quiénes o cómo van a ser los antagonistas de sus novelas y en Los litigantes esta predicción no falla. Los malos, para no variar, son los típicos personajes cargados de estereotipos que aparecen como figuras sin personalidad –pero con mucho, muchísimo dinero y altas dosis de corrupción– que no aportan nada ni a la trama ni al lector.

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