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Reseña: El octavo de Karen Engelmann

Emil Larsson, un joven oficial de aduanas, vividor, bebedor y jugador, visita regularmente el exclusivo Salón de Sofía Sparrow, mujer influyente de la sociedad de la capital sueca.
 La señora Sparrow ve grandes cosas para el futuro de Emil cuando decide echarle las cartas del Octavo, un poderoso tipo de cartomancia que puede ayudar al joven a solucionar su futuro si consigue averiguar quiénes son las ocho personas que se esconden tras cada unos de los naipes. Sin embargo, Emil y Sofía pronto se darán cuenta de que tras las cartas se esconde mucho más que la felicidad del joven o su fortuna: en medio de la revolución y el caos que pueden derrocar al rey Gustavo, no se puede estar seguro de quién es amigo y quién enemigo…

¿Qué nos ha gustado?
- Construyendo paso a paso la intriga: aunque El octavo es una novela que mezcla muchas líneas argumentales y diferentes tramas y subtramas, Karen Engelmann consigue, a pesar de ello, entrelazar todos estos hilos de forma muy sólida hasta conformar una historia en la que prima el misterio y el suspense y que no cae en soluciones improvisadas en ningún momento sino en resoluciones progresivas y bien pensadas.
- Presenciando la caída de la monarquía: Engelmann crea un contexto muy depurado en El octavo. El lector se convierte en un espectador de excepción en la caída de la monarquía sueca durante el siglo XVIII, sin dejar de disfrutar del precioso retrato que la escritora hace de las costumbres y tradiciones de la época.

¿Qué no nos ha gustado?
- Carga política: gran parte de la trama de El octavo está centrada por completo en aspectos políticos: alianzas entre países, conflictos internacionales o pactos matrimoniales, que aportan un contexto histórico muy detallado a la trama pero que, en algunos capítulos, resulta minucioso en exceso e innecesario para entender la historia.
- Mezclando personajes: el gran número de figuras narrativas con el que cuenta El octavo dificulta en gran medida la asimilación de todas ellas y de los roles que desempeñan dentro de la novela asi como también vuelve casi imposible la simpatización con ellas puesto que el lector no tiene tiempo suficiente, entre capítulo y capítulo, para conocer a los personajes en profundidad.

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