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Reseña: Tierra de caimanes de Karen Rusell

El parque temático que la dinastía de los Bigtree, domadores de caimanes, posee en una de las pantanosas Diez Mil Islas frente a las costas de Florida sufre un duro revés con la muerte de Hilola Bigtree. Ésta, madre de tres hijos, era la estrella del parque gracias a sus arriesgados y espectaculares números con los caimanes; para colmo, a unos kilómetros, acaba de inaugurarse un sofisticado competidor, el parque temático Universo Oscuro. La familia empieza a desmoronarse: el Jefe Bigtree, ahora viudo, parece ausente? y acaba, efectivamente, ausentándose; Kiwi, el hijo mayor, se pasa a la competencia en un intento por mantener a flote el negocio familiar, y Ossie, la segunda, empieza a tener extrañas visiones. De modo que Ava, la pequeña, una adolescente de trece años, queda a cargo de noventa y ocho caimanes en medio del vasto y desolador paisaje de su dolor, pero con una conmovedora energía para afrontar cualquier peligro.

¿Qué nos ha gustado? 
- Seguir adelante: realmente, uno de los puntos fuertes de Tierra de caimanes es la fuerza narrativa y personal que tienen sus personajes. Karen Rusell construye cada uno de figuras narrativas que aparecen en la novela –sobre todo, las principales– con una mezcla de desesperanza y coraje que despierta pronto la simpatía del lector y le hace unirse a su lucha por mantener con vida el imperio familiar en ruinas de los Bigtree.
- Combinando la aventura y el humor: Tierra de caimanes está estructurada en capítulos alternos conducidos por Kiwi y Ava que nos acercan dos caras de la misma historia. Sin embargo, Rusell aporta a la perspectiva propia de cada hermano un toque diferencial, muy característico. Así, mientras que los capítulos de Ava están marcados por la aventura y el misterio, los de Kiwi siguen más la línea del humor y el realismo. La alternancia entre ambos supone, sin duda, una combinación muy efectiva que ayuda a mantener el interés del lector y desarrolla un perspectivismo más rico y variado en la novela.
- Describiendo cada detalle: desde el punto de vista estilístico, Tierra de caimanes destaca por el colorido lenguaje que utiliza la autora –a veces aderezado, incluso, con un toque de fina ironía–, y la gran capacidad de Rusell para reconstruir el entorno local en el que se desarrolla la historia de los Bigtree. Sin embargo, a veces, da la impresión de que la trama está anclada por un exceso de descripciones, que acaban por hundir la importancia metafórica de los acontecimientos y ralentizan demasiado el ritmo.

 ¿Qué no nos ha gustado? 
- Aceptando lo imposible: algunos de los acontecimientos que integran el argumento de Tierra de caimanes –sobre todo los correspondientes a los últimos capítulos– resultan un tanto increíbles y, sin duda, poco afines con la realidad. De hecho, en más de una ocasión el autor deberá echar mano de toda su capacidad de credibilidad para pasar por alto detalles que tienen más de inventiva apresurada que de lógica narrativa. Véase, por ejemplo, el extraño periplo hacia el Inframundo en el que se embarca la hermana de Ava para casarse con su novio fantasmal…
- Cambio radical: Tierra de caimanes es una novela que parece estar integrada por dos líneas argumentales muy diferenciadas a las que la autora ha intentado dar un hilo conjunto para poder fusionarlos dentro de un mismo libro. Esto, a simple vista, no tiene por qué ser un detalle negativo, pero sí se convierte en una importante desventaja narrativa cuando el contraste entre ambas partes es tan radical que resulta chocante. Y es que en Tierra de caimanes, se aprecia una discordancia demasiado fuerte, y, desde luego, nada progresiva, entre los acontecimientos que anteceden la partida de Ava para traer de vuelta a su hermana –más bien, inocentes y con un tono alegre y divertido– y los que se desarrollan durante este viaje –marcados por un tono lúgubre y un entorno que tiene más de drama que de cándida aventura familiar–. Un desarrollo más paulatino habría hecho el contraste entre ambas partes menos pronunciado.
 
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