lunes

Reseña: Normas de cortesía de Amor Towles

La novela de Towles es un vibrante homenaje a la Nueva York de los años treinta, la gran urbe de los clubs privados, los bares de jazz y los imponentes edificios con marquesina y portero de uniforme; el rutilante escenario de Sucedió una noche y tantas otras películas de Ernst Lubitsch, Howard Hawks o George Cukor, ese género que Andrew Sarris definió como «comedias sexuales sin sexo». En la Nochevieja de 1937, Katey Kontent, mecanógrafa en un bufete de abogados de Wall Street, y su compañera de pensión, Eve Ross, una belleza del Medio Oeste dispuesta a exprimir a fondo la libertad que promete Nueva York, se dirigen a Hotspot, un bar de tercera fila donde se toman el jazz lo bastante en serio para que nadie moleste a dos chicas de buen ver, y donde la ginebra es suficientemente barata para beber un martini cada hora. Cuando los tres dólares que llevaban ya han dado cuanto podían dar de sí, Tinker Gray, un joven banquero de porte distinguido, con una sonrisa arrebatadora y un abrigo que Katey y Eve no habrían podido pagar con sus dos sueldos de un año, acabará celebrando la llegada del nuevo año con ellas en Times Square, en una noche que marcará el principio de una amistad que transformará la vida de los tres.

¿Qué nos ha gustado? 
- Viajando a 1938: Amor Towles hace un espectacular trabajo para recrear la atmósfera, los ambientes de lujo y decadencia, y la vida de los pubs del Manhattan de finales de los años 30, capturando como una imagen en blanco y negro toda la esencia de la época. Un escenario insuperable que nos recuerda a las mejores películas del momento.
- Estilo perfeccionista pero fluido: la prosa de Towles en Normas de cortesía destaca por la meticulosidad de las descripciones y el dinamismo de los diálogos, una combinación que imprime un ritmo narrativo intermedio; no demasiado rápido pero que tampoco hunde el libro en la lentitud más absoluta.
- Un elenco coherente: los personajes de Normas de cortesía son carismáticos y, desde luego, muy coherentes con el tiempo y la época en la que se ubican. Destaca especialmente Katey, la protagonista, que es, sin duda, la figura mas sobresaliente gracias a su personalidad, fuerte y vulnerable a partes iguales.

¿Qué no nos ha gustado?
- Ritmo inestable: los primeros capítulos de Normas de cortesía y los últimos son lo mejor que tiene la novela, donde Towles incide más en el choque de ambiciones y deseos de los personajes y donde el lector disfruta más del colorido de clases sociales y costumbres. Pero la parte central no resulta tan brillante como el inicio y la conclusión de la novela: más repetitiva, más enrevesada psicológicamente y menos dinámica. Un bajón rítmico que contrasta de forma negativa con el resto de la trama.
- Sobrecarga descriptiva: en Normas de cortesía muchas, demasiadas, páginas están llenas de descripciones pormenorizadas y meticulosas de entornos o acciones que no tienen ninguna relevancia para el argumento y que nos hacen preguntarnos, una y otra vez, qué sentido tiene su inclusión dentro de la novela mas allá de la ralentización de la historia.

Artículos relacionados 
Todo lo que soy de Anna Funder
Guía Kashgar para damas ciclistas de Suzanne Johnson
La perla de China de Anchee Min
Pasado imperfecto de Julian Fellowes

0 comentarios :

Publicar un comentario