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Reseña: La casa de la luna de Ami Mckay

Nueva Escocia, inicios del siglo XX. Dora es la primera mujer en su familia después de generaciones de hijos varones. La matrona del lugar le verá signos de su especial don y la nombrará su sucesora. La casa donde vive la comadrona es el eje y el punto de encuentro de todas las mujeres de la zona.Dora, forzada a un matrimonio que no desea, deberá hacerse valer como mujer, y en su camino descubrirá la sabiduría femenina y la fuerza de la vida. 

¿Qué nos ha gustado? 
- Todos con Dora: la protagonista de La casa de la luna es un personaje que no solo está bien construido desde el punto de vista narrativo –complejo, evolutivo y con unos rasgos muy bien definidos– sino que destaca desde las primeras páginas por el carisma que desprende; un carisma que, desde luego, nos hace apreciarla casi como si fuera una persona de carne y hueso, hasta el punto de compartir sus penas y disfrutar con sus alegrías con la misma intensidad que si la conociéramos.
- Sintiendo: el eje estructural fundamental de La casa de la luna son los sentimientos. Ami Mckay adentra al lector de lleno en las emociones que rodean a los personajes en relación a la maternidad, el aborto, la guerra o la pobreza. Esto contribuye, sin duda, a enriquecer el trasfondo de la obra y a dotarla de mayor complejidad pero también influye en la ralentización general de la trama que se vuelve realmente lenta en algunos pasajes.
- De nuevo las comadronas: al igual que Jennifer Worth en ¡Llama a la comadrona!, Mckay recrea –con bastante fidelidad por otro lado– el mundo de los partos y la maternidad en un entorno desfavorecido económicamente. Sin embargo, a diferencia de ésta, La casa de la luna incide más sobre los aspectos sentimentales mientras que ¡Llama a la comadrona! concede más importancia a las vidas individuales de cada uno de los personajes, con un mayor realismo en cuanto a los detalles y descripciones físicas.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Pasando por alto el físico: desde el punto de vista estilístico, Mckay es una gran narradora; el retrato que hace del interior de los personajes es prácticamente impecable y la reconstrucción de la época histórica en la que se desarrollan los acontecimientos también destaca por su fidelidad y su concreción. Pero, aún así, la prosa de La casa de la luna falla en cuanto a las descripciones físicas. Mckay pasa por alto los aspectos externos de los personajes más obvios en toda la novela lo que dificulta, no solo la recreación de las figuras narrativas por parte del lector, sino también la conexión de éste con aquellas.
- Decadencia final: aunque hasta bien entrada la mitad de la obra, Mckay consigue convencer al lector y, sobre todo, adentrarle de forma efectiva en el entorno de Dora, a partir de la página 200, aproximadamente, la trama pierde la fuerza que tenía, el tono se vuelve menos depurado y los acontecimientos no aparecen tan definidos; algo que afecta de forma irremediable a la conclusión de la novela, demasiado fría y distante.

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