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Reseña: El dragón de hielo de George R.R. Martin

Todos en la aldea coinciden: Adara es una niña rara, una niña del invierno. Nació la peor helada que se recuerda y el frío se quedó para siempre con ella. Es fácil verla pasear sola por los campos helados o construir imaginarios castillos de arena y hielo. Nada lo sabe, pero espera, impaciente, la visita del dragón de hielo. Adara no puede entender por qué todos le temen tanto si para ella es su mejor compañero de juegos. Con él se olvida de que el eterno enemigo del norte se acerca peligrosamente a la aldea y lo mejor sería huir a las tierras cálidas del sur...

¿Qué nos ha gustado?
- Empezando de cero: El dragón de hielo NO es una novela relacionada de forma indirecta o directa con la saga de Canción de hielo y fuego. Es una obra independiente, con una clara apuesta hacia el público infantil/juvenil temprano, y que carece del contenido y el carácter adulto de la serie iniciada con Juego de tronos. No obstante, el mero hecho de que sea tan distinta de sus predecesoras convierten a El dragón de hielo en un libro muy interesante – sobre todo para aquellos que todavía no conocen la narrativa particular de George R.R. Martin–, puesto que nos permite disfrutar del lado más tierno e inocente del escritor estadounidense.
- Estilo camaleónico: acostumbrados a la prosa densa y perfeccionista de Martin en Canción de hielo y fuego, la narrativa con la que el lector se topa en El dragón de hielo resulta casi antagónica. Desde luego, el autor mantiene esa claridad en las descripciones y la misma profundidad en los diálogos pero todo ello adaptado y pensado para lectores jóvenes.
- Mejorando un género saturado: la fantasía es uno de esos géneros al que no le faltan escritores para embarcarse en él ni lectores para disfrutar con sus páginas. Pero aunque sea un tipo de obras bastante cubierto, Martin siempre consigue transformar cualquiera de sus novelas en un salto de calidad que deja atrás a cualquiera de sus competidoras y El dragón de hielo no es una excepción. Una historia cargada de magia, ternura y encanto que no agota el interés del lector y que supone una excepcional puerta de entrada al género de fantasía.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Profundo pero complejo: El dragón de hielo es una novela cargada de simbolismo que esconde tras su, aparentemente, infantil portada una trama pensada para reflexionar sobre conceptos existenciales y que plantea toda una serie de enseñanzas sobre la vida y la madurez personal. Un contenido muy profundo y de hondo calado pero también de difícil comprensión para los pequeños lectores –sobre todo aquellos por debajo de los 12 años–. Por eso, no solo es recomendable, sino también necesaria, la lectura de El dragón de hielo junto a un adulto para que incluso los más jóvenes puedan entender y apreciar el trasfondo moralista que tan bien ha construido Martin en esta novela.
- Con ganas de más: El dragón de hielo es una novela corta; excesivamente corta, mejor dicho, que deja al lector con demasiados interrogantes sin resolver y con ganas de saber más sobre Adara y el precioso mundo interior de esta novela. Se echa en falta una mayor extensión de la trama para evitar la sensación de decepción que el final nos depara.

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