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Reseña: Salvajes de Don Winslow

Ben y Chon son dos tíos que saben disfrutar de la vida: les encanta el sexo, el voleibol, la cerveza y las chicas. Ophelia, más conocida como O., tiene fama de alcanzar orgasmos muy escandalosos (por eso sus amigas a veces la llaman Multi O.) y está loca por Ben y Chon. En fin, que se acuesta con ambos. Pero lo que de verdad hace diferentes a Ben y Chon de los demás es que producen la mejor maría del mundo. ¿Algún problema? Ninguno. Bueno, sí, uno: el cartel de Baja. La esencia del narcotráfico mexicano. Que, además, está compuesto por unos tipos con muy malas pulgas: o les das lo que desean o te cortan la cabeza. Son auténticos salvajes. Y ahora, vaya por Dios, tienen secuestrada a O. porque quieren la hierba de Ben y Chon. ¿Qué hacer? Solo hay tres salidas.

¿Qué nos ha gustado?
- El cruel mundo de la droga: con todo lujo de detalles y sin reparos a la hora de mostrar al lector la compleja maraña de intereses que se ocultan tras operaciones millonarias, casas de lujo y industrias encubiertas, Salvajes nos transporta a un universo feroz y descarnado que nos enseñará la cara más desconocida del tráfico de drogas, uno de los negocios más insensibles y lucrativos del mundo. Y, aunque Don Winslow no es el primero ni tampoco el último que aborda este tema, sí es uno de los pocos que lo han tratado con tanto realismo y crudeza.
- Un estilo con reminiscencias: en Salvajes no hay palabra fuera de lugar y todo cuanto Winslow plasma en las páginas de su novela responde a la efectividad argumental. Nada de florituras innecesarias y metáforas complicadas; solo lo necesario para que el lector sienta la tragedia que se deriva de un ascenso al poder marcado por el salvajismo y la falta de escrúpulos. Esta prosa escueta y directa recuerda bastante a la de autores como Raymond Chandler o Elmore Leonard, aunque es cierto que Winslow posee un toque más duro y sarcástico que el de estos que, no obstante, encaja a la perfección con el cariz de la trama y de los acontecimientos.
- Aprovechando las circunstancias: en una línea argumental secundaria, Winslow introduce en Salvajes interesantes pinceladas de cultura y política que no solo le sirven para dotar de mayor realismo a los acontecimientos sino también para plantear críticas cargadas de cinismo  que nunca llegan a resultar excesivas hacia la hipocresía social que rodea el negocio de estupefacientes. Winslow se ensaña especialmente con la burocracia norteamericana, a la que ataca sin piedad pero con evidencias de peso, hasta transformar, en algunos momentos, el argumento de Salvajes en una reivindicación de carácter político-social.
- Acelerando a tope: Winslow maneja con mano firme el ritmo de los acontecimientos para convertir la trama en un ir y venir de sucesos que se desenvuelven a la velocidad de la luz, incitando al lector a seguir inmerso en la historia particular de Ben y Chon una página tras otra, sin descanso.
- Vaya elenco: uno de los mayores aciertos de Salvajes es que ninguno de sus personajes pasa desapercibido. Desde los principales, encabezados por unos impecables Ben y Chon, hasta los secundarios. Todos tienen su hueco en la trama y Winslow les caracteriza de tal forma que no podemos cerrar la novela sin que sus protagonistas continúen con nosotros.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Sin piedad: Salvajes es, como su propio nombre indica, una novela en la que no hay espacio para la delicadeza y las buenas intenciones. Winslow se explaya a lo grande ofreciendo al lector los detalle más escabrosos y sangrientos de la carrera de Ben y Chon en el mundo del tráfico de drogas asi que, cuidado; Salvajes no es una novela ni para menores ni para lectores demasiado sensibles.

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