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Reseña: La última princesa de Galaxy Craze

Una serie de desastres naturales ha diezmado el planeta. Apartada del resto del mundo, Inglaterra es ahora un lugar sombrío: casi no luce el sol, la comida escasea y un grupo de criminales vaga por los bosques en busca de presas fáciles. La población comienza a agitarse. El ejército conspira contra el rey, al que mata y detiene a todos sus hijos. Sin embargo, la princesa Eliza consigue salvarse y deambula por las peligrosas calles de Londres sin dinero ni comida. La ciudad está en estado de guerra, el parlamento ha sido incendiado y los políticos tomados como rehenes. Llevada por su sed de venganza se une al ejército para intentar averiguar desde dentro el origen de la conspiración y salvar a sus hermanos. Una vez allí será tentada por la situación de libertad que siente por primera vez en su vida y, claro está, también por el amor.

¿Qué nos ha gustado?
- Una protagonista que se vuelve fuerte: Eliza es un personaje que cambia bastante a lo largo de la novela. Tras el rapto de la familia real, la protagonista abandona su faceta sumisa y poco decidida para transformarse, poco a poco, en una figura más fuerte y atractiva con la que es fácil sentirse identificado.
- Un final que augura una buena continuación: la dramática conclusión con la que se cierra La última princesa es un desenlace no solo satisfactorio desde el punto de vista narrativo sino también muy prometedor puesto que deja abierta la continuación de la mejor forma posible: con las expectativas en alza y muchos misterios aún sin resolver.
- Interesante premisa: La última princesa ofrece una trama diferente y bastante particular, marcada por un desarrollo rápido que deja poco espacio al aburrimiento y una importante carga de violencia que no llega a ser excesiva. El único inconveniente es que la saturación distópica puede resultar ya excesiva.

¿Qué no nos ha gustado?
- Pasando desapercibido: puede que como consecuencia de la fuerza que tiene Eliza en la trama o bien, simplemente, porque la construcción psicológica no es para echar cohetes, el largo elenco de La última princesa es más un decorado que una realidad atractiva. Ninguno de ellos deslumbra ni por presencia ni por personalidad.
- Sin sentimientos: la relación entre Wesley y Eliza es bastante deficiente. Un amor que crece de improviso, como surgido de la nada, y que resulta demasiado previsible para resultar creíble. ¿Dónde han quedado los sentimientos?

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