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Reseña: El invierno del mundo de Ken Follet


Ken Follett continúa la apasionante historia de las cinco familias europeas que nos cautivaron con La caída de los gigantes. En esta ocasión, son los hijos de los protagonistas de la entrega anterior los que, a través de sus luchas personales, políticas y militares, nos muestran la historia de unos años que cambiaron el mundo para siempre. De la mano de los Williams, los Fitzherbert, los Kostin, los Ulrich y los Dewar, emprendemos un apasionante viaje a través de los acontecimientos que marcaron sus vidas y las de un mundo que se desmorona, desde el ascenso del Partido Nazi al poder en 1933, auténtico preludio de la Segunda Guerra Mundial, hasta el inicio de la Guerra Fría en 1949.

¿Qué nos ha gustado? 
- Siguiendo el mismo patrón: a grandes rasgos, El invierno del mundo sigue la estructura narrativa y el estilo literario que La caída de los gigantes. Follet construye la segunda novela de la trilogía Century con la misma rigurosidad histórica y el mismo ritmo rápido de los acontecimientos, sin perder, además, la simbiótica relación entre los personajes que ya vimos en el primer libro de la serie. El invierno del mundo es, por tanto, una lectura perfecta para aquellos que disfrutaron con La caída de los gigantes pero no tan adecuada para quienes esta obra no les resulta tan atractiva.
- Directos al grano: aunque Follet recupera a todos los personajes con los que el lector se encontró en La caída de los gigantes, el escritor inglés no se pierde en ningún momento en pasajes retrospectivos para recordar el trasfondo personal de cada uno de ellos. Un detalle que ahorra al lector material narrativo ya conocido y que contribuye a la rapidez del argumento.
- Pasando por alto acontecimientos: comprimir tantos sucesos históricos en una única novela es una empresa muy complicada que Follet consigue llevar a puerto de forma admirable. Aun así, se echa en falta una mayor profundidad en determinados acontecimientos que pasan casi desapercibidos en la trama. Un buen ejemplo de esto es el desembarco de Normandía que transcurre en apenas unas páginas sin trascendencia alguna.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Perdida de chispa: la nueva generación de personajes protagonistas no resulta tan carismática como sus predecesores. Exceptuando a Daisy, la hija de Lev, el resto de figuras carecen de evolución personal y se ven eclipsados por completo por los acontecimientos en los que están inmersos. Sus personalidades no pasan, en algunos casos, de simples clichés e incluso los personajes ya conocidos carecen de la magia narrativa que sí poseían en el anterior libro.
- Una imagen bidimensional de la guerra: uno de los mejores aciertos que encontramos en La caída de los gigantes fue la inclusión de múltiples perspectivas acerca de los mismos acontecimientos históricos. A través de las vidas de los distintos personajes, el lector se adentró en el entorno de las grandes potencias enfrentadas en la I Guerra Mundial: Inglaterra, Alemania, Rusia, EE.UU. Pero en El invierno del mundo este multperpectivismo desaparece. Follet sitúa a todos los personajes en dos únicos bloques enfrentados –los partidarios del nazismo y los aliados del comunismo– de tal forma que la riqueza de vistas narrativas que encontramos en esta segunda novela de la trilogía disminuye en relación a su predecesora.

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