miércoles

Reseña: La abuela Lola, de Cecilia Samartin

La abuela LolaSebastián sueña con ser un niño igual que los demás, con ser capaz de correr como el viento en el campo de fútbol, chutar la pelota de tal manera que dibuje una perfecta parábola y marcar un gol. Pero su corazón tiene un defecto desde que nació, lo que significa que no puede cumplir sus deseos. No obstante, Sebastian ha logrado encontrar su lugar en el mundo gracias a su excéntrica abuela Lola y al amor que esta siente por la cocina. Ambos preparan juntos riquísimos y exóticos platos puertorriqueños, el país de origen de su abuela. La complicidad que crece entre ambos (un niño enfermo y una anciana) se convierte pronto en un fuerte vínculo que logra unir de nuevo a una familia desestructurada, pues, como siempre dice Lola, «una comida preparada con amor no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma».

¿Qué nos ha gustado?
- Una trama sencilla: La abuela Lola no ofrece un argumento complejo, cargado de giros inesperados y un ritmo vertiginoso, sino todo lo contrario: una historia sencilla y tierna que nos acerca la conexión intergeneracional de una forma natural y relajada. No hay suspense ni tensión por ningún lado pero sí un buen componente emocional pensado para despertar emociones antes que taquicardias.
- El monólogo toma la delantera: el estilo de Cecilia Samartin en La abuela Lola está marcado, sobre todo, por los monólogos. La abuela Lola nos deleita cada dos por tres con soliloquios que superan con creces la calidad de las descripciones, no demasiado conseguidas.
- Un tema que conecta: la utilización del tema familiar es una apuesta literaria segura casi siempre y Samartin la aprovecha en La abuela Lola con bastante tino narrativo, reconstruyendo la historia de una familia que puede ser tan real como la nuestra propia.
- Drama pero en dosis moderadas: el hecho de que el protagonista sufra una enfermedad siendo apenas un niño ya nos da a entender que el componente dramático se va a esconder en  las páginas de La abuela Lola. Aún así, Samartin consigue dosificar las lágrimas del lector de forma muy conveniente, sin que nunca llegue a abrumarnos la pena hasta ser incapaces de separarnos de un pañuelo. La incorporación de escenas llenas de ternura y emociones consigue aliviar en parte la carga lacrimosa de la novela.
- Un canto a la esperanza: la historia de La abuela Lola es, ante todo, una alabanza a la ilusión y a la esperanza ante los momentos difíciles. La fortaleza que demuestra Sebastián a lo largo de su enfermedad es una lección de optimismo que cala en el lector desde las primeras páginas.
- La comida como hilo conductor: las recetas que prepara la abuela Lola sirven dentro de la trama como algo más que un simple relleno. Como ya vimos en Como agua para chocolate, la cocina desempeña un papel muy destacado en La abuela Lola, a medio camino entre el simbolismo y la recurrencia narrativa.
- La abuela Lola, estrella del elenco: aunque Sebastián sea el protagonista del libro, el personaje que consigue enamorarnos de verdad, por su sencillez y su bondad, es Lola. La anciana no solo eclipsa a la mayor parte de figuras narrativas sino que su presencia se convierte en algo imprescindible para mantener la esencia misma de la novela.

¿Qué no nos ha gustado?
- Sobrenatural no, gracias: la incorporación de ciertos componentes sobrenaturales en algunos pasajes de la novela no acaba de encajar demasiado bien en  la trama. La base realista que marca el argumento se rompe de forma estridente con estos inesperados giros que se insertan en la novela más por conveniencia que por interés narrativo.
- Sentimentalismo rosa a ratos: aunque la novela es en sí una obra sentimentalista pensada para despertar las emociones del lector, La abuela Lola peca en algunos momentos de una dosis excesiva de escenas edulcoradas que no terminan de resultar demasiado creíbles. Por suerte, Samartin tampoco incide en este error lo suficiente como para que el lector llegue a desesperarse.

Artículos relacionados
Si no despierto de Lauren Oliver
Desde mi cielo de Alice Sebold
Tokio blues de Haruki Murakami
Por trece razones de Jay Asher

0 comentarios :

Publicar un comentario