viernes

Reseña: El imperio de plata de Conn Iggulden

El imperio de plataEl Gran Khan ha muerto, pero su leyenda y su legado siguen vivos. Los ejércitos se han reunido y se disponen a comprobar cuál de los hijos de Genghis posee la fuerza necesaria para ser kan. El imperio mongol ha estado en paz durante dos años, pero el superviviente se enfrentará al formidable poder de su antiguo enemigo, la dinastía china de los Song. El gran líder Tsubodai ha penetrado en Occidente: a través de Rusia ha llegado hasta Hungría. Los caballeros templarios han sido derrotados y no hay rey o ejército que pueda impedir que llegue a Francia. Sin embargo, a punto de obtener su mayor triunfo, cuando sus exploradores más adelantados alcanzan ya las montañas del norte de Italia, debe tomar una decisión que cambiará para siempre el curso de la historia.

¿Qué nos ha gustado?
- Viejos conocidos: en El imperio de plata, la figura de la el papel dominante en las batallas que antes recaía en Genghis es un viejo conocido, Tsubodai, el general que acompañó al can en sus incursiones y que ahora asume su papel como personaje principal, las determinación que antes. Pero Tsubodai no es el único personaje conocido con el que nos topamos en El imperio de plata. Los hermanos de Genghis vuelven a desempeñar un papel destacado dentro de la obra, al igual que los herederos del imperio, que ahora se convierten en rivales y protagonistas de la novela.
- Las guerras que no falten: una vez más nos encontramos ante una obra en la que las batallas masivas y las estrategias militares tienen una importancia esencial dentro de la trama. Junto al khan y sus generales, el lector se adentra en la continua expansión del imperio mongol a través de Asia, pasando de un campo de batalla a otro.
- Más intrigas y conspiraciones: a pesar de la esencia militar que mantiene El imperio de plata, en esta cuarta novela de la saga, Conn Iggulden combina más las escenas de guerra con la vida diaria en la nueva ciudad de Karakorum, capital ahora del imperio mongol. Las rivalidades entre las diferentes fracciones de la familia imperial pasan a un primer plano al igual que las complicaciones políticas a las que se enfrenta el reino construido por Genghis.
- Manteniendo el listón bien alto: a veces, las secuelas son apenas un reflejo de lo que fueron sus predecesoras. Pero, en otras ocasiones, deslumbran tanto como las primeras partes. Iggulden parece haberse convertido en todo un experto en eso de construir series duraderas, a cada cual más lograda. El imperio de plata mantiene la misma riqueza histórica que las tres anteriores obras, capturando con igual fuerza el alma y la vida de los mongoles, ahora sin la presencia de su líder Genghis. 

¿Qué no nos ha gustado?
- Sin Genghis no es lo mismo: ninguno de los personajes de El imperio de plata consigue desarrollar el atractivo literario que Genghis logró en las novelas precedentes. La fuerza del líder mongol no es heredada por ninguno de sus sucesores, que acaban convertidos en meras sombras, demasiado eclipsadas por el, hasta ahora, protagonista de la saga.
- Un inicio que requiere una dosis de paciencia: el ritmo inicial de El imperio de plata es algo más lento de lo que Iggulden nos tenía acostumbrado. Eso sí. Para los lectores más pacientes la recompensa superará con creces el esfuerzo que requieren los largos pasajes descriptivos y políticos con los que se inicia la novela. Es a partir del primer tercio de la novela cuando la trama empieza a adquirir un desarrollo más intenso que no abandonará al lector hasta el desenlace.

Artículos relacionados
Aléxandros de Valerio Massimo Manfredi
Flores y sombras de Lian Hearn
La caída de los gigantes de Ken Follett
La gardenia blanca de Shanghái de Belinda Alexandra.

0 comentarios :

Publicar un comentario