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Vampire academy

Vampire AcademyOtra novela de vampiros. Sí, esto es lo primero que pasa por la cabeza del lector cuando Vampire Academy llega a sus manos. Y, evidentemente esta es una novela de vampiros. Pero antes de que nos entren las ganas de salir corriendo para huir de la actual saturación vampírica, es mejor no dejarse llevar por los prejuicios iniciales y darle una oportunidad a esta novela escrita por Richelle Mead porque a pesar de que Vampire Academy utiliza, una vez más, protagonistas de colmillos afilados como personajes centrales, el argumento innova sobre lo ya conocido para darle un interesante vuelta de tuerca a la temática de moda por excelencia.

Lissa y Rose. Dos amigas. Dos vampiresas. Y una academia que encierra secretos y verdades entre sus cuatro paredes. Esa es la base argumental que utiliza Richelle Mead para construir en Vampire Academy una trama que juega con los acontecimientos diarios de un grupo de adolescentes para mostrar las complejidades de un mundo enteramente habitado por vampiros que ocultan entre ellos traiciones, celos y envidias.

La combinación de vampiros y escuelas para adolescentes es un recurso que puede resultarnos ligeramente conocido. Ya lo vimos antes en Medianoche de Claudia Gray y en la saga La Casa de la Noche de P.C. Cast y Kristin Cast en las que se utiliza, de igual forma, este recurso tan recurrente de juntar las bases argumentales de Crepúsculo y Harry Potter. No obstante, Vampire Academy mantiene con el resto de sus compañeras de sector tan sólo este detalle en común. El resto de la trama consigue desligarse por completo de los recursos más manidos sobre vampiros para jugar con elementos nuevos que consiguen crear algo ligeramente más nuevo y diferente.

El nexo indestructible de Lissa y Rose, dos amigas tan diferentes como complementarias, se convierte en esta novela en el pilar esencial sobre la que se construyen el resto de acontecimientos. Sin embargo, la incorporación de Dimitri a esta pareja protagonista aporta una dosis de tensión extra en este particular triángulo amoroso que Mead deja, muy acertadamente, sin resolver en esta primera novela de la serie para mantener el interés en novelas siguientes.

El mayor atractivo de Vampire Academy es la perfecta construcción que Mead crea del mundo de los vampiros, incluyendo toda una compleja trama de leyendas, relaciones familiares y falsas lealtades que, a pesar del carácter fantástico que poseen, resultan totalmente creíbles. La autora opta por reducir el componente amoroso para potenciar en cambio las dosis de intriga y suspense que subyacen bajo las apariencias de falsa perfección de este particular universo vampirismo.

A pesar de que Vampire Academy no deslumbra por su desbordante originalidad, Mead consigue crear un mundo vampírico sólido y creíble, sin fisuras, en el que el lector se adentra como si formara parte de él. La presencia de dos protagonistas carismáticas y diferentes entre sí, consiguen reforzar aún más este universo propio, convenciendo a todos aquellos que estén dispuestos a adentrarse en un libro de vampiros por enésima vez.

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