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Trece razones

Trece razonesTrece razones es uno de sus libros que, desde su llegada a las estanterías de las librerías, no ha dejado de recibir buenas críticas. Pero aunque, a veces, este aluvión de buenos comentarios responde más a intereses editoriales que a valoraciones imparciales, la novela de Jay Asher se merece con creces todas las palabras positivas que se ha granjeado. Escrita con un tono dramático y realista, Trece razones es uno de esos best-sellers de calidad indiscutible que consigue hacer reflexionar al lector sobre el sentido de la vida y también de la muerte.

Cuando Clay recibe un paquete a su nombre con una cinta grabada en el interior su primer pensamiento es que se han debido de equivocar de destinatario. Su sorpresa no tarda en transformarse en perplejidad cuando descubre que su misterioso remitente es Hannah, una de sus compañeras de colegio fallecida semanas atrás que, a través de diferentes cintas, quiere explicar las razones que se ocultan tras su suicidio. A partir de aquí, Clay se embarcará en una búsqueda sin descanso que le llevará por los recovecos que plagaron la vida de su difunta compañera en un intento por desentrañar el misterio que se oculta tras ella.

La trama de Trece razones es original y diferente. La propia historia juega con diferentes perspectivas y la cuidadosa dosificación de información para mantener el suspense que rodea la vida y sobre todo la muerte de Hannah. El lector va conociendo con cuentagotas las 13 razones que empujaron a la protagonista a suicidarse, utilizando las cintas grabadas por ella misma como un original vehículo para conducir toda la estructura de la novela. El hecho de que la novela carezca de pensamientos íntimos y diálogos entre los dos personajes principales no supone un obstáculo en cuanto al dinamismo de la trama ya que ambas figuras quedan conectadas a través de los propios acontecimientos, que se convierten en el verdadero centro de esta novela.

Hannah es la figura más interesante de toda la novela. Perfilándose a medio camino entre el odio y el aprecio, su vida y su personalidad se desgrana poco a poco conforme el resto de personajes profundizan en su pasado a través de las cintas. Este conocimiento paulatino consigue envolver a la protagonista en un continuo enigma que el lector no termina de desvelar hasta las últimas páginas de la novela. El personaje de Clay acaba convertido, por el contrario, en un mero vehículo a través del cual el lector se acerca a la verdadera protagonista de la novela, Hannah, sin que su figura deslumbre especialmente ni por profundidad ni por complejidad.

En realidad, Trece razones, más que una novela, se parece a un relato corto en el que las descripciones presentes sólo son las necesarias y en el que el estilo rápido y espontáneo de Asher se entremezcla a la perfección con la rápida sucesión de acontecimientos para crear una atmósfera literaria inquietante pero también prometedora que cumple de sobra con las expectativas previstas.

En definitiva, Trece razones es un libro recomendable, de rápida lectura y trasfondo duradero, que justifica, desde las primeras páginas, las buenas críticas obtenidas hasta la fecha.

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