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Si no despierto

Si no despierto Lauren Oliver nos ha sorprendido con su novela debut. Su estilo ágil y la originalidad de la trama le han abierto un hueco importante en la literatura juvenil hasta apuntalar su posición dentro del sector nada más llegar a él. Y es que Si no despierto es una novela que sorprende desde las primeras páginas, sensible, realista y con un toque dramático, aborda el problema del acoso escolar desde la perspectiva diferente del culpable y no de las víctimas.

Samantha es la típica chica popular del instituto. Guapa, rodeada de una pandilla de amigas tan divinas como ella, novia del chico deseado por todas, pero también sibilina y retorcida con aquellos que no son como ella. Su vida aparentemente perfecta cambia cuando, tras ser atropellada, empieza a revivir el día de su muerte una vez tras otra hasta que se percata de que ella es la única persona capaz de cambiar su pasado pero también su futuro.

Si no despierto es una novela muy directa, que parece estar pensada para remover los sentimientos del lector más que para abordar una historia de adolescentes. El argumento es en sí una invitación a la reflexión, utilizando como excusa la vida de Samantha para abordar temas de gran calado: desde la frivolidad hasta el servilismo a las apariencias, pasando por el amor interesado y las falsas amistades. Pero si hay un tema, desgraciadamente popular hoy en día,  sobre el que Oliver concentra la mayor parte de la historia, convirtiéndose además en el eje principal del argumento y de los personajes, ese es el acoso escolar. A diferencia de otras novelas, Si no despierto utiliza la visión de los acosadores para abordar esta cuestión, sin eludir, por supuesto, una crítica voraz a través del particular giro que da la vida de la protagonista. El sufrimiento ajeno se transforma en propio cuando Samantha ve a través del ciclo repetitivo de su muerte todo el daño que su personalidad arrogante y sus malas intenciones causan en los demás.

Los personajes, sobre todo la protagonista y su pandilla de amigas super in, aparecen muy bien construidas. Oliver dota a todas ellas de una personalidad que se ajusta al papel en el que se enmarca de forma perfecta, haciendo que el lector no tarde en odiarlas desde el principio de la novela. A través de ellas, la escritora norteamericana desarrolla el argumento y los cambios que se producen en la protagonista para convertirlas, primero en el modelo de las acosadoras dañinas, y, luego, en seres de carne y hueso que evolucionan con los acontecimientos. Tal vez por eso, el final de Si no despierto no puede acabar sin alguna que otra lagrimilla.

Por lo demás, el resto de los personajes no destacan especialmente pero tampoco caen en prototipos aburridos. Cumplen su función de dar forma al universo de Samantha, enmarcándose siempre en un segundo plano por detrás de la protagonista y empleándose, en algunos casos, como justificación de muchos de sus comportamientos.

En cuanto al escenario en el que se desarrolla la novela, Oliver prescinde de ambientaciones complejas y recurre más bien a espacios tópicos para concentrar la atención del lector, no tanto en los lugares en los que se desarrolla la trama, sino en los personajes y en los acontecimientos que conforman el argumento. Algo lógico teniendo en cuenta que Si no despierto es una obra que no utiliza la contextualización como principal baluarte sino que centra su fuerza en el argumento, empleando los escenarios como menos decorados de la misma.

Aunque el tema recurrente de los días que se repite ya lo hemos visto en otras ocasiones, Si no despierto posee una historia tan emocionante y dramática que resulta irresistible. Una novela muy recomendable que trata el acoso escolar de manera única, a través de los ojos de una protagonista compleja que, al final, se hace querer.

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