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No soy un serial killer

No soy un serial killer Estamos acostumbrados a que las novelas de asesinatos y detectives tengan protagonistas que, a pesar de los defectos que puedan tener, representan al paradigma del bien y de la justicia. Sin embargo, Dan Wells nos presenta en No soy un serial killer una trama al más puro estilo detectivesco pero con un sociópata con inclinaciones asesinas como único responsable de encontrar al homicida que se oculta tras los asesinatos que asolan la localidad de Clayton. Una vuelta de tuerca interesante y original al género de la novela negra.

John Wayne Cleaver es un joven diferente. A pesar de que ni siquiera ha terminado todavía el Instituto, su inteligencia es muy superior a la de sus compañeros como también es distinta la particular fascinación que siente por los cadáveres. El hecho de que su familia regente la única funeraria de la pequeña ciudad de Clayton no termina de ayudar a que este peculiar protagonista deje a un lado su extraño hobby ni a borrar los trazos sociópatas que empiezan a perfilarse en su interior. Solo una estricta obediencia a unas normas auto impuestas hacen que John eluda sus instintos asesinos y se comporte como una persona normal. Sin embargo, la aparición en Clayton de un asesino que deja tras de sí una estela de homicidios, hace que el protagonista de No soy un serial killer decida hacer lo más difícil: encontrar al responsable poniendo en riesgo las reglas que mantienen su cordura. 

Con un argumento de estas características, la comparación de esta obra con las novelas de Jeff Lindsay protagonizadas por el carismático Dexter, resulta prácticamente inevitable. El paralelismo entre los dos protagonistas de estas series es claro ya que ambos comparten la inteligencia, el respeto a las normas propias y, sobre todo, los instintos asesinos que, a veces, consiguen superar incluso sus buenas intenciones. Sin embargo, Wells define mejor en No soy un serial killer la disyuntiva mental y personal a la que se enfrenta John, perfilando la compleja mente sociopata de manera mucho más realista y detallada. Además, la mezcla géneros y estilos que hace Wells es inexistente en la serie de Dexter, aunque se aprecien los intentos de Lindsay por llevar a cabo algo parecido en la que fue la tercera novela de la serie, Dexter en la oscuridad.

A pesar de que, originalmente, No soy un serial killer fuera catalogada en Estados Unidos como una novela de literatura juvenil, lo cierto es que la trama y los propios personajes hacen dudar de la idoneidad de esta categorización. Es cierto que la obra posee rasgos propios de este tipo de libros pero, en realidad, utiliza más los recursos de la literatura de terror sobrenatural y la de thriller adulto. Y eso que una de las principales particularidades de esta novela, además de lo ya dicho, es que Wells prescinde por completo de los detalles más macabros y sangrientos que suelen ser parte imprescindible de las novelas de literatura negra. Por suerte para los lectores más sensibles, el escritor norteamericano incorpora sólo las pinceladas de gore que son imprescindibles para la trama, encubriendo el resto bajo una sensible capa de suspense y humor ácido.

El desarrollo de los personajes, y muy especialmente el del protagonista, resulta el toque diferencial de No soy un serial killer. John es un personaje único, y no tanto porque sea una extraña mezcla de Dr. Jekyll y Mr. Hyde sino porque Wells consigue imprimir en el personaje central una personalidad que despierta nuestra admiración, a ratos, pero también nuestro temor. A pesar del carácter frío y distante de John, su figura consigue contactar con el lector desde las primeras páginas haciendo que nos unamos a él de forma incondicional en su lucha interna por superar sus instintos asesinos y también por encontrar al homicida de Clayton.

Sea para adolescentes o para lectores más maduros lo cierto es que No soy un serial killer es una novela que consigue sorprender, horrorizar, extrañar y conmover a cualquier tipo de receptor gracias al interesante mezcla de conceptos y géneros que se combinan en sus páginas y también al estilo narrativo de Wells, ágil y sin descanso. Una apuesta acertada que nos depara más de una sorpresa oculta entre sus páginas.

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