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La muerte y la dolce vita

La muerte y la dolce vitaEn apariencia, La muerte y la dolce vita puede parecer una obra del género negro, con un asesinato real como núcleo de toda la novela. Pero tras esta fachada, se esconde una brillante obra social que explora la Ciudad Eterna de los años 50, utilizando la muerte de la joven Wilma Montesi para destapar toda la decadencia que se vivía en Roma en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, aquella que quedó oculta tras la bella postal de la dolce vita.

La muerte y la dolce vita empieza con lo que a simple vista parece la muerte accidental de una chica de 21 años, Wilma Montesi, cuyo cadáver es encontrado en una playa de Roma dos días después de su desaparición. Su familia y las autoridades están convencidos de que el fallecimiento de la joven tiene más de desafortunada casualidad que de asesinato pero ante los indicios que van apareciendo, la policía decide iniciar una investigación oficial; una indagación que acabará destapando todo un entramado de corrupción y trapos sucios en el que están inmersos las más altas esferas de la sociedad italiana.

Stephen Gundle nos traslada por los largos años que duró la investigación de este caso real que conmocionó a la Italia de la posguerra, mostrándonos, a lo largo de todo el libro, la evolución que experimentaron las pesquisas relacionados con este crimen y las personas que intervinieron en el esclarecimiento del caso, hasta desembocar en el callejón sin salida final en el que terminó el asesinato de Wilma Montesi, inconcluso hasta la fecha.

Desde el punto de vista genérico, La muerte y la dolce vita no puede considerarse como el paradigma del género negro. La labor de los investigadores es bastante dispersa, con un desarrollo lineal en el que se prescinde del clásico triángulo asesino-asesinado-detective de las novelas de suspense clásico. Así, el caso Montesi acaba convertido en un mero atrezzo dentro del libro que Gundle utiliza como excusa para canalizar el verdadero eje narrativo que el escritor norteamericano persigue en esta novela: recrear la Roma de los años 50, con todo su esplendor y su decadencia.

Y es que, en realidad, la trama de la última novela de Gundle nos acerca mucho más que el esclarecimiento de un homicidio. La investigación que se desarrolla alrededor del caso Montesi y las pistas diseminadas que la policía va ensamblando a lo largo de la novela, conducirán a los lectores hasta un retrato preciosista y detallado de la verdadera Roma de los años 50, aquella que se ocultaba tras la sensual y glamourosa dolce vita. Y es en este retrato donde verdaderamente radica la fuerza de La muerte y la dolce vita. Gundle nos conduce por el entramado de decadencia, drogas y abusos sexuales, que quedó enmascarado bajo la cuidada y atractiva fachada que inmortalizaron cineastas de la talla de Fellini, con total naturalidad, revelándonos los prejuicios sociales que marcaron la época así como la corrupción que dominaba todos los servicios estatales.

El escritor norteamericano reconstruye el entorno del momento, respetando todos los hechos históricos y personales que se conocen del caso con absoluto fidelidad, e hilvanándolos con una cuidada documentación de trasfondo. Pocas licencias ficcionales aparecen a lo largo de la obra y las que hay se concentran, sobre todo, en los últimos compases el libro, donde Gundle desarrolla su propio final para este histórico asesinato. Sobre esta conclusión poco se puede decir sin destrozar la novela en el intento pero, al menos, sí dejar un apunte: aunque sea uno de los pocos detalles no reales del libro, el autor ofrece al lector una conclusión del caso sólida, perfectamente plausible, que respeta los hechos sin desmerecer el resto de la obra. Un broche digno para un asesinato que nunca pudo resolverse.

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