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La gardenia blanca de Shanghai

La gardenia blanca de ShanghaiLa gardenia blanca de Shanghai es una novela que, utilizando de base el contexto de la Segunda Guerra Mundial, sumerge al lector en una trama marcada por la compleja y profunda relación entre una madre y su hija. Cargada de sentimentalismo y ternura, la novela de Belinda Alexandra utiliza las impresionantes contextualizaciones y la fuerza de una protagonista única para arrastrar a quien sea hasta la apasionante historia de una vida de búsqueda personal y superación.

La trama de La gardenia blanca de Shanghai comienza con el dramático giro que da la vida de Anya Kozlova cuando su padre fallece de forma repentina y su madre es deportada a un campo de concentración en los años finales de la Segunda Guerra Mundial. Con apenas 13 años, Anya se verá obligada a sobrevivir sola, primero en Shanghai trabajando en una sala de fiesta, luego en la isla filipina de Tubabao y, por último, en la salvaje y poco conocida Australia.

La trama llevará al lector por la turbulenta vida de Anya, desde su difícil y solitaria juventud pasando por su ascenso social y su apasionada vida amorosa hasta su declive y ruina final. Pero en todo este entramado de sucesos vitales y acontecimientos, la búsqueda incansable de Anya por localizar a su madre se convierte en el verdadero eje argumental que subyace debajo de todo lo que ocurre, como principal baluarte de la trama.

Precisamente es está búsqueda la que Belinda Alexandra utiliza acertadamente en dentro de La gardenia blanca de Shanghai para convertir la novela, más que en un relato biográfico personal sobre la vida de Anya en una metafórica historia sobre el amor incondicional que existe entre una madre y su hija, explotando, por supuesto, todo el componente emocional que esto conlleva. Y es que la trama de este libro es, ante todo, puro sentimentalismo, eso sí, dosificando y bien distribuido a lo largo de todos los acontecimientos, que consigue despertar las emociones de los lectores y hacerles reflexionar sobre el trasfondo que se esconde tras la vida de la protagonista.

Anya, como personaje central de la novela, no decepciona. Su construcción psicológica y sentimental ofrece credibilidad tanto el personaje como a las acciones que desempeña. La preocupación que siente por su madre queda tan bien resuelta que el lector llega a sentir la angustia del personaje como suya. Los aciertos y equivocaciones que la protagonista comete para encontrar a su progenitora no se percibe como ilógicos si no coherentes en las circunstancias que la rodean.

Pero más allá de Anya, el resto de personajes de La gardenia blanca de Shanghai no aparecen tan bien caracterizados ni construidos. Se aprecia, tal vez de forma demasiado obvia, que Anya es el centro de la novela y que, precisamente por ello, o puede que como consecuencia de esto, los demás personajes adolecen por completo de complejidad narrativa. Son apenas menos fantasmas sin personalidades definidas que giran a modo de satélites alrededor de la protagonista.

La contextualización de La gardenia blanca de Shanghai y la plasmación de cada uno de los escenarios por los que atraviesa la trama, desde la vitalidad de Shanghai pasando por el exotismo salvaje de la isla Tubabao hasta los impresionantes parajes australianos, aparecen tan perfectamente descritos por Belinda Alexandra que el lector se ve transportado a los lugares que visita Anya como si acompañará al personaje a cada país que viaja. Los escenarios se convierten así en el principal punto fuerte de esta novela, superando incluso en importancia y atractivo a la trama y los personajes.

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