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La cortesana y el samurai

Hace poco más de un año que Lesley Downer, conocida periodista del Sunday Times y el Wall Street Journal, sorprendía al público con su primera novela, La última concubina, una obra en la que recreaba la vida de Sachi, la joven de piel blanca y facciones dulces que acabó convirtiéndose en la última amante del shogun de Japón. Tres años después, Downer vuelve al antiguo país del sol naciente con su última obra, La cortesana y el samurai, en la que reconstruye los últimos días del régimen Tokugawa pero, esta vez, ofreciendo al lector la visión de dos personajes marcados por los apresurados cambios sociales y la pérdida de las viejas tradiciones que caracterizaron las últimas décadas del siglo XIX.

Los años previos a la llegada del emperador Meiji es un fragmento de la historia asiática que pocos escritores se atreven a retomar. La caída del imponente shogunato Tokugawa y el establecimiento de un nuevo sistema, supuso para Japón una época de luchas entre nuevas y viejas tradiciones que acabó desembocando en una guerra civil que sumió al país en la pobreza y en las crisis internas. Es precisamente por esto que, en la literatura, este turbulento período histórico se trata con un cierto reparo, sobre todo por los escritores no nipones. Pero Downer, hija de padre canadiense y madre china y residente en Japón durante su adolescencia, no ha dudado en arriesgarse en esta empresa, reconstruyendo una nación sumida en la oscuridad, todavía a medio camino entre el feudalismo y la modernidad.

La imagen que aparece en del país del sol naciente en La cortesana y el samurai es muy diferente del mosaico exótico y cargado de viveza que encontramos en obras de temática similar como Memorias de una geisha o El tatuaje de la concubina. Japón se nos presenta en esta novela como un espacio cargado de contradicciones políticas y luchas de poder entre dos facciones: los nacionalistas y partidarios de los Tokugawa y los aperturistas, aliados de las potencias extranjeras, que crean por medio de sus enfrentamientos la imagen de una nación fraccionada y perdida en el pasado.

Downer describe la guerra civil japonesa a través de los ojos de dos particulares personajes, Hana y Yozo, cuyas vidas, tan diferentes como parecidas, quedan entrelazadas en una compleja relación de amor que tiene como trasfondo la brutalidad de los enfrentamientos armados. Acertadamente, los capítulos de la obra intercalan las historias de los dos protagonistas, mostrando con sus vivencias personales la manera que tienen ambos de sobrevivir a la guerra.

Hana, hija y esposa de samurai, se ve obligada a convertirse en geisha cuando su marido parte en al campo de batalla y ella pierde a su familia y su hogar a manos de sus enemigos. Yozo, partidario de los Tokugawa, viaja hasta la lejana isla de Ezo para defender sus ideales y a su señor, sufriendo en el proceso la persecución que se impuso a los perdedores y la vergüenza de la derrota. El devenir del destino acabará reuniéndoles, y juntos presenciarán la caída de las viejas costumbres y la llegada de otras nuevas, muy diferentes de las que ellos han conocido.

Sus vidas llevan al lector desde las batallas más crueles hasta el lujo de Yoshiwara, el barrio del placer, en una trama argumental que, a pesar de estar muy bien documentada, peca en ocasiones de un cierto carácter previsible, sin los suficientes giros argumentales como para despertar la sorpresa. A pesar de esto, La cortesana y el samurai resulta una novela muy interesante si se quiere profundizar más en un recodo de la historia nipona poco conocido en Occidente, aunque no por ello falto de atractivo.

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