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La chica mecánica

La chica mecánicaEn el siglo XXII el control de las reservas ecológicas marca la diferencia entre la riqueza más absoluta y la pobreza, las sociedades se encuentran a medio camino entre el futurismo y la degeneración y la tecnología domina cada rincón de las ciudades. En todo este contexto, los neoseres, criaturas creadas a partir de ingeniera genética con el único propósito de servir, son, para muchos, el futuro y, para otros, el principio del fin. La frontera entre la humanidad y la mecanización se vuelve cada vez más difusa y la supervivencia penderá de un hilo muy fino en el que estará en juego la condición del alma humana.

A pesar de que La chica mecánica es, básicamente, una novela de ciencia-ficción con un marcado carácter distópico, lo cierto es que, bajo esta capa de futurismo se esconde una esencia narrativa mucho más compleja. A través de los acontecimientos que integran la trama, Paolo Bacigalupi nos acerca un cuidado trasfondo moralista, en el que reflexiona sobre la condición humana en todas sus facetas y también sobre la importancia de tomar las decisiones acertadas a la lo largo de la vida. Invita al lector a autoplantearse cuestiones vitales y metafísicas que, a simple vista pueden resultar difíciles de integrar en una obra de estas características, pero que acaban por mezclarse con la trama de forma simbiótica.

Para mantener todo este entramado psicológico, Bacigalupi opta en La chica mecánica por la perspectiva narrativa múltiple como excusa para mostrar al lector diferentes puntos de vista desde los que abordar la vida y enfrentarse a las dificultades. Pero aunque los cambios de visión constante nos permiten entender mejor el entorno del que forman parte cada una de las figuras negativas, esta técnica resulta, en algunos momentos excesivamente compleja para conducir la trama con efectividad. Es necesario que transcurra el primer tercio de la novela hasta que el lector consigue, por fin, identificar a los personajes y sus respectivas historias personales y mantener el hilo del argumento con una cierta coherencia.

No obstante, la importancia que se le concede a la reflexión moralista dentro de La chica mecánica hace que la novela no sea, precisamente, un libro de desarrollo rápido. Bacigalupi maneja la tensión narrativa con lentitud conforme introduce al lector más y más en las vidas de los personajes, por lo que no es hasta bien avanzada la novela cuando la trama alcanza al fin un ritmo más resuelto en los acontecimientos que aligera la lentitud inicial. Las motivaciones de los personajes, los intereses que ocultan tras de sí y los planes que se van fraguando en toda la primera parte confluyen en una conclusión narrativa vertiginosa, en la que se entremezclan y enfrentan todos los personajes de forma magistral y vertiginosa.

A pesar del brillante estilo narrativo del que hace alarde Bacigalupi en todo momento, se echa en falta un mayor detallismo en cuanto a las descripciones y caracterizaciones, puesto que el lector no termina de sentirse transportado al mundo apocalíptico de La chica mecánica ni tampoco consigue una completa identificación con los personajes por culpa de esta limitación descriptiva. Una pequeña mácula narrativa que ya vimos también en Ship Breaker, la novela que Bacigalupi escribió en 2010 y en la que, de igual forma, nos encontramos con un entorno marcado por los desastres medioambientales y las tecnologías futuristas. Aún así, La chica mecánica es una novela más que recomendable que, dejando al margen este minúsculo fallo, consigue hacernos reflexionar sobre el futuro pero también sobre nuestro presente.

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