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Frío

FríoLa anorexia es uno de los problemas adolescentes más preocupantes pero también uno de los menos tratados en la literatura juvenil. Laurie Halse Anderson, a la que ya conocimos con obras como Habla o Fiebre 1793 se atreve a transformar esta peliaguda problemática en el centro de su última novela, Frío, una obra dura y muy sentimental con una joven anoréxica como protagonista.

Una promesa entre dos amigas se convierte en el punto de partida de este drama novelado tan realista como humano: ser las más delgadas del Instituto. Y es que Lía y Cassie empiezan viendo la delgadez como un objetivo inocente para luego convertirlo en una obsesión que llevará a ambas a caer en brazos de la anorexia y situarlas al borde de la muerte.

Con un tema tan inclemente como este como núcleo, Frío es, de por sí, una novela dura, cargada de sufrimiento y lucha interna, en el que Anderson deja entrever, a partes iguales, rayos de esperanza y también baches de desánimo. Aún así, el lector se encuentra ante un retrato realista pero también muy humano, que no se anda con rodeos pero que tampoco ahonda en la llaga hasta la saciedad. La autora maneja la temática con mucha sensibilidad acercando la vida de Lía y su lucha diaria pero pasando de puntillas por los momentos más escabrosos. Un detalle que se agradece, sobre todo para los lectores más sensibles.

Aún así, Frío es una novela de gran intensidad emocional. Anderson dosifica los sentimientos contrapuestos con bastante habilidad haciendo que el lector se sumerja en un torbellino plagado de momentos duros y también instantes cargados de dulzura en los que uno desea adentrarse en el universo de Lía para ayudarla en su enfermedad. Se nota a la legua la experiencia de esta autora en el tratamiento de los personajes y las emociones derivada de su nada desdeñable trayectoria en el realismo juvenil.

Pero, a pesar de la dureza de la temática que Anderson nos plantea en esta obra, la novela mantiene un estilo sencillo, con ligeros toques de suave sarcasmo que se agradecen muchas veces para aligerar la carga sentimental, y una prosa ágil y fácil de leer que convierte Frío en un libro entretenido y de rápida lectura.

Se echa falta un paso más en cuanto a la profundidad de algunos secundarios, como Chloe Marrigan que, a pesar de la importancia que posee en la novela, no consigue desarrollar esa evolución narrativa que se podía esperar. También resulta un tanto incompleta la relación de Lía con algunos personajes, algo que puede apreciarse claramente en el intento pobre de conexión amorosa entre la protagonista y Elijah, que no llega a cristalizar en nada en concreto a pesar de los reiterados intentos de la autora y del interesante juego que podría haber ofrecido esta relación dentro de la trama.

Aún así, no nos dejemos llevar por estos pequeños fallos. Frío es una novela muy recomendable que entretiene y que, sobre todo, deja al lector con un interesante trasfondo sobre el que recapacitar: la lucha por la vida y los peligros de promesas que nunca deberían hacerse.

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