martes

El último bailarín de Mao

El último bailarín de MaoEl caso de Li Cunxin es uno de los muchos ejemplos que nos recuerda que el gigante asiático situado a la cabeza de la economía mundial, sigue siendo un país en el que la libertad no posee todavía un valor demasiado claro. La vida de este bailarín ocupa ahora una obra, El último bailarín de Mao, escrita por él mismo, que nos adentra en el complejo entramado de control gubernamental e ideológico de China y, al mismo tiempo, nos permite disfrutar de la exigente y exitosa trayectoria de un bailarín convertido en estrella desde su propia perspectiva personal.

El último bailarín de Mao es, ante todo, la historia de una vida; una existencia marcada por la dominación estatal, pero también por la lucha y la superación personal, en la que el ballet se convierte en el elemento clave, la pieza de argamasa que une todo lo bueno y lo malo de la vida de Li Cunxin.

La novela es en sí un recorrido por la mentalidad de uno de los muchos chinos que, tras el relativo aperturismo de su restringido país, vieron tambalearse sus férreos principios comunistas. Convencido partidario del gobierno chino, el contacto de Li Cunxin con Estados Unidos y con la sociedad liberal norteamericana se convierte en el detonante que le empuja a alejarse progresivamente de sus orígenes, en busca de una libertad y una vida que resultaban inconcebibles en su país natal. Una transformación personal que Li Cunxin recoge en El último bailarín de Mao de forma magnífica, presentando de forma escalonada su progresiva evolución psicológica e ideológica y las razones que le empujaron a cambiar de parecer.

La imagen de China y también de Estados Unidos es otro de los aspectos más destacados de El último bailarín de Mao. Li Cunxin ofrece, a través de su propia experiencia, una muestra del pronunciado contraste que existía, a finales del siglo XX, entre la concepción de vida de uno y otro país. Al mismo tiempo, y de una forma velada, el bailarín que cautivó a las dos potencias mundiales, no deja de ofrecer al lector una crítica personal en la que reivindica la libertad y la capacidad de hacer frente a todos aquellos que desean impedirla.

En todo este armazón de lucha y sumisión, el ballet es, como ya hemos dicho, el hilo conductor que permite reflejar de forma más amena y distendida, el contraste entre estas dos mentalidades contrapuestas. Las descripciones que Li Cunxin brinda sobre el mundo del baile profesional, al que dedicó toda su vida, aportan un mayor colorido a la novela pero sin llegar a resultar excesivamente complejas para los lectores poco familiarizados con este universo.

Entre años de aprendizaje y éxito sobre los escenarios, el autor va perfilando la exigente vida de dedicación que rodeó su trabajo como bailarín profesional al igual que su trayectoria de perfeccionamiento como miembro de la compañía de ballet de Houston. Un retrato que deja entrever, asimismo, el complejo armazón de superación individual que se esconde tras los escenarios y los aplausos del público.

El crecimiento de Li Cunxin como profesional se mantiene en El último bailarín de Mao en paralelo con su desarrollo sentimental a través de las dos mujeres que ocuparon su vida, Elizabeth y Mary, compañeras de profesión y de experiencias que acompañaron al protagonista de esta novela en su travesía hacia la libertad. Dos relaciones, condicionadas por la situación política del protagonista y autor de la obra, que aportan un componente amoroso como telón de fondo de la trama principal.

El último bailarín de Mao no solamente muestra al lector la apasionante vida de uno de los bailarines asiáticos que más éxitos cosechó fuera de su país, sino que también se convierte en un ejemplo de que la libertad, la búsqueda de  la independencia estatal, empieza a convertirse en una meta a conseguir por el pueblo chino.

0 comentarios :

Publicar un comentario