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El trono de fuego

El trono de fuegoSi alguien creía que el éxito de La pirámide roja no podía ser igualado o que Rick Riorda no iba a ser capaz de dejarnos en el mercado una sucesora a la altura, estaba muy equivocado. La primera entrega de las crónicas de los Kane fue un éxito editorial rotundo, tanto por calidad como por acogida, pero su esperada segunda parte no ha podido ser menos. Nos adentramos de nuevo en el mundo de los dioses egipcios, está vez, con la amenaza del señor del caos, Apofis, cerniéndose sobre la tranquila y apacible vida de los hermanos Carter y Sadie.

En La pirámide roja, los hermanos Kane aprendieron a marchas forzadas una terrible realidad: los dioses egipcios, los mismos que ilustran los templos milenarios construidos por los faraones, no están tan olvidados ni tan perdidos como se creía. Las deidades que una vez dominaron Egipto se pasean ahora por el mundo moderno, encarnados en humanos, como si el tiempo no hubiera pasado por ello. Y aunque la paz entre dioses inmortales parecía haber encontrado un equilibrio tras la conclusión de La pirámide roja, lo cierto es que los peligros sólo acaban de empezar. Y es que con la liberación de Apofis el mundo vuelve a estar en peligro. La convivencia pacífica con los humanos no está entre los planes del señor del caos y los Kane deberán encontrar, cueste lo que cueste, el legendario libro de Ra para invocar al señor del orden, la única divinidad capaz de derrotar a Apofis.

Una vez más, Riordan nos acerca una novela que lleva su sello personal bien impreso en cada una de sus 416 páginas. Los tres componentes básicos que constituyen las armas literarias de este escritor, humor, intriga y mitología, vuelven a convertirse en los pilares fundamentales de esta obra. Los escasos cuatro días en los que se desarrolla la mayor parte de la trama se convierten en una auténtica carrera contrarreloj en la que Riordan sabe cómo enganchar al lector y mantenerle atento incluso en los momentos más lentos y descriptivos.

La combinación de mitos y modernidad que es, en definitiva, la base de la historia, vuelve a deslumbrarnos por el ingenia con el que está trabajada. Riordan mezcla los mitos del antiguo Egipto con elementos actuales como ya hizo antes en La pirámide roja pero con la suficiente naturalidad como para que ningún lector quede sorprendido cuando el temible dios Apofis aparece como un villano del traje y corbata. 

Las leyendas y los componentes fantásticos se integren y se mezclan de forma genial hasta convertirse en espolón de proa de El trono de fuego. La habilidad de Riordan para incorporar personajes originales y sólidos desde el punto de vista literario vuelva a ser tan destacada como en la novela precedente. A las figuras que tanto nos sorprendieron y gustaron en La pirámide roja, se unen ahora nuevos dioses, de personalidades propias, que consiguen enriquecer aún más el mundo, a medio camino entre la realidad y la fantasía, que Riordan crea esta saga.

Con una segunda parte de estas características, la llegada de la que será la tercera y última entrega de la serie se va hacer muy larga.

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