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El siciliano

El sicilianoParece que 2012 es un año de aniversarios. Los Miserables, Tutankamón, el Titanic y, por supuesto, las cuatro décadas de vida que cumple la película de El padrino, de Francis Ford Coppola, inspirada en la novela homónima escrita por Mario Puzo. Pero, aunque este best-seller sea la novela más exitosa del escritor estadounidense, lo cierto es que Puzo, no solamente abordó el mundo de las mafias a través de la familia Corleone. El siciliano, escrita 15 años después de El padrino, es una buena muestra de ello. Una novela que reconstruye la sociedad del crimen siciliana a través de un protagonista inspirado en un personaje real: Salvatore Giuliano.

La trama de El siciliano se sitúa justo en la mitad de la historia narrada en El padrino, durante la estancia de Michael Corleone en Sicilia, tras el asesinato de Sollozzo. Sin embargo, en esta obra, escrita 15 años después de la novela que consagraría el nombre de Puzo, la familia Corleone tiene un protagonismo menor puesto que es la vida de Salvatore Giuliano, un proscrito que actúa a modo de Robin Hood en una Sicilia dominada por la mafia, el verdadero núcleo de esta obra.

De la mano de Salvatore, el lector acompaña al protagonista desde los bajos fondos del crimen organizado italiano hasta la cúspide de la pirámide criminal, mostrando en su sangriento ascenso todos los entresijos de las mafias y de sus líderes. Traiciones y lealtades se mezclan a partes iguales en una trama en la que no puede darse por hecho nada, ni siquiera las amistades que parecen más sinceras.

Al igual que ocurría en El padrino, El siciliano posee un interesante trasfondo cultural, social e histórico de la Italia de los años 60, que Puzo introduce con cuentagotas, pero acaba por ofrecer una visión panorámica de los difíciles años que se vivieron en Sicilia tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Costumbres y tradiciones se intercalan con los asesinatos que Salvatore va protagonizando a lo largo de la obra, creando así una perfecta simbiosis entre novela negra y novela histórica.

Pero, al igual que sus novelas precedentes, El Siciliano no se caracteriza, precisamente, por su idealismo ni por su carácter políticamente correcto. El escritor norteamericano nos presenta una isla sumida en la brutalidad y en los continuos asesinatos, carente por completo de humanidad en la que solo rige la ley del más fuerte. Puzo utiliza este realismo no sólo para contextualizar la obra de forma coherente con la realidad histórica del momento sino también para dejar constancia de su total rechazo a la política que el gobierno italiano llevó a cabo durante estos años y que no consiguió frenar la espiral de crímenes en la que se había sumido Sicilia.

En El Siciliano, Mario Puzo vuelve a demostrar que la descripción es una de sus principales virtudes como escritor de novelas. Su destreza para plasmar de forma narrativa los escenarios en los que se va desarrollando la acción, hace que la historia de Salvatore y sus compinches cobre un mayor realismo, hasta el punto de que el lector se siente transportado a los jardines de limoneros, a la antiguas ruinas o al calor de las noches italianas que acompañan a los protagonistas como si estuviera presenciándolos en persona.

En el siciliano nos topamos con algunos de los personajes que protagonizaron la trilogía de El padrino, como Michael Corleone o Peter Clemenza, que asumen un rol secundario, totalmente subordinado al protagonista principal. Salvatore es indiscutiblemente la figura principal de esta novela pero, aunque acaba por despertar la simpatía del lector en más de una ocasión, no consigue desarrollar las carismáticas personalidades que caracterizaron a los Corleone. Tampoco el paralelismo que se establece entre Salvatore y la figura del mítico Robin Hood acaba por resultar del todo creíble en algunos momentos.

Aún así, la espiral autodestructiva en la que se sume Salvatore y su círculo, así como los logrados escenarios acaban por contrarrestar cualquier imperfección en los personajes hasta hacer que el lector disfrute del mundo de las mafias, esta vez en la tierra que vio nacer a Don Vito Corleone.

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