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Divergente

Divergente La tendencia editorial del mercado juvenil parece cada vez más clara. No sabemos si ha sido la influencia del maravilloso superventas Los Juegos del hambre o, simplemente, por las circunstancias del momento, pero lo cierto es que las distopías son la moda más absoluta dentro del panorama literario juvenil. Divergente de Veronica Roth aspira a ser la nueva heredera del best-seller escrito por Suzanne Collins, presentando un argumento interesante que mantiene, sin embargo, ligeras reminiscencias con sus predecesoras, y unos personajes brillantes que son la verdadera joya del libro.

Una ciudad situada en un futuro lejano y extraño es el escenario idealista en el que Divergente se desarrolla. Carente de libertad y férreamente estructurado en cinco facciones, el lector se encuentra ante un universo claustrofóbico y asfixiante en el que los habitantes viven de acuerdo a lo que se espera de ellos.

En este mundo que tiene aires de falsa perfección, la protagonista de la novela, Beatrice, se niega a aceptar el destino que le han adjudicado y se rebela contra todos en busca de una libertad que parece no existir en su particular universo. Su lucha la llevará de una aventura a otra mientras se esfuerza por acabar con el sistema que, mediante una dominación encubierta, mantiene atada a una sociedad controlada por el pánico.

En definitiva, Divergente ofrece un mundo incierto al más puro estilo 1984 y una búsqueda incansable de libertad como pilares fundamentales de su trama, un argumento que, como puede apreciarse y a la vista de los actuales superventas juveniles, no es demasiado original. De hecho, la conexión con otras novelas recientes como Traición de Scott Westerfeld, Juntos de Ally Condie o la ya mencionada Los juegos del hambre de Suzanne Collins, es bastante obvia.

Desde esta perspectiva, ¿qué ofrece de diferente Divergente? Mucho, en realidad. La trama, a pesar de su inicial falta de originalidad, se convierte, conforme va avanzando, en un auténtico tobogán de acontecimientos que se suceden a un ritmo de vértigo sin dejar de lado una importante dosis de emociones y sentimientos encontrados que se entremezclan con los personajes y con los acontecimientos.

La llegada a Osadía supone el punto de inflexión decisivo que transforma el argumento de una mera introducción de contextos y personajes hasta un itinerario narrativo emocionante en el que se combina con acertado manejo las características de la literatura de aventuras con la juvenil y con las distopías literarias.

Pero, aunque el argumento acaba por convencer incluso hasta a los más aburridos de esta nueva moda literaria, son los personajes el verdadero fuerte de Divergente. Tanto Beatrice como su compañero de aventuras y de sentimientos, Cuatro, poseen una construcción narrativa muy destacada, con una personalidad muy definida que mezcla la rebeldía juvenil con la valentía y la determinación. Ambas figuras desarrollan, a su vez, una evolución constante y creciente que los convierte en personajes dinámicos y complejos, difíciles de catalogar entre estereotipados perfiles, y que tienen la virtud de saber sorprender al lector.

Divergente es una de esas novelas cuya aparición en el mercado mantiene un cierto toque sospechoso de aprovechamiento y conveniencia pero que, a pesar de ello, desarrolla unas virtudes propias y únicas que consiguen desmarcarse de cualquier prejuicio inicial.

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