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Corazón del fuego

Corazón del fuegoCorazón del fuego sigue la línea de la moda distópica inaugurada por Los juegos del hambre en el panorama juvenil. Una trama apocalíptica y unos personajes que se verán obligados a luchar por su supervivencia en un mundo prácticamente desierto. Sin desbordante originalidad pero con un argumento consistente, la primera novela de Moira Young sigue utilizando de base el amor y la acción para atrapar a los lectores, sobre todo a aquellos que se quedaron con ganas de más tras la conclusión de la saga de Suzanne Collins.

En las primeras páginas de Corazón del fuego conocemos a la protagonista de esta novela, Saba, y a su familia: su hermano gemelo Lugh, su hermana pequeña Emmi y su padre, así como la particular vida que todos ellos llevan, al borde de la pobreza más absoluta, en el lago medio desierto de Silverlake. Enmarcados en un mundo distópico que parece haberse olvidado de ellos, la única esperanza de supervivencia que les queda a Saba y a su familia es la llegada de la lluvia. Sin embargo, la aparición de una gigantesca nube roja, presagio de tormenta, no trae consigo toda la esperanza que la protagonista estaba esperando, sino todo lo contrario.

Corazón del fuego es una novela muy del estilo de Divergente de Verónica Roth o de Juntos de Ally Condie, ubicada en un escenario en el que se combina, por igual, la crueldad y la búsqueda de justicia, con una trama carente de sentimentalismo y dominada por una lucha constante por la vida. Aún así, el argumento de Corazón del fuego no es todo lo perfecto que podría haber sido ni Young sabe explotar los acontecimientos al máximo. La relación de Saba con Jack es especialmente inconsistente ya que resulta complicado, por no decir imposible, creerse el flechazo fulminante que ambos sienten cuando se ven por primera vez. Un poco más de desarrollo argumental en este sentido, hubiera servido para cubrir la excesiva rapidez de enamoramiento en la que acaban cayendo ambos personajes.

Las pruebas a las que la protagonista tendrá que enfrentarse para sobrevivir y la relación con su hermano gemelo pondrán a prueba toda su inteligencia y también servirán como hilo conductor para plasmar toda la evolución que experimenta como personaje. Durante los primeros compases de la obra, Saba se deja arrastrar por la fortaleza de Lugh, manteniendo siempre vivo el nexo invisible que hay entre ellos, hasta que, tras su desaparición, es ella quien adopta de forma progresiva, y muy bien dosificada por parte de Young, su capacidad de decisión. Saba mantendrá la misma fuerza y cabezonería durante toda la obra pero su percepción de la vida y del mundo que la rodea irá cambiando conforme los acontecimientos se van desarrollando.

Una de las peculiaridades más llamativas de Corazón del fuego es el estilo narrativo que Young utiliza en toda la novela. Saba es la principal y única narradora de la historia y es ella misma la que cuenta al lector todos los acontecimientos que le suceden, sus pensamientos y sentimientos, con las limitaciones personales y culturales que la protagonista posee. Su falta de educación y formación queda recogida a través de los errores gramaticales que ella misma comete cada vez que habla y que la autora no se ha molestado en corregir o enmascarar. Aunque, al principio, esta arriesgada apuesta con la que Young intenta aportar un detalle diferencial a Corazón del fuego resulta un tanto incómoda, al final el lector se acaba por acostumbrar a la forma de hablar de la protagonista y llega un momento en el que, tras tanta saturación de errores, uno ni siquiera se percata.

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