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Corazón blanco, corazón negro

Corazón blanco, corazón negroCorazón blanco, corazón negro es la típica novela en la que no confiaba. Me tope con ella por casualidad y lo primero que pensé en fue “otra novela sobre la esclavitud”. Otra de las muchas que han abordado este tema en sus páginas a lo largo de los años. Medio obligada y poco convencida, decidí darle una oportunidad. Y, contra todo pronóstico, he de reconocer que la obra de Jonathan Odell es una de las lecturas más recomendables, bellas y dignas de todas las que han pasado por mis manos a lo largo de este año.

La trama de Corazón blanco, corazón negro es un retrato, muy bien construido sobre datos históricos, que acerca al lector a la vida más cotidiana de las plantaciones norteamericanas en la época previa a la Guerra de Secesión. Con un delicado sentimentalismo, que nunca cae en el exceso de edulcorante, y con un fino humor, a medio camino entre la sátira y la ironía, Odell nos acerca la historia de un país marcado por el dilema sobre la esclavitud y también aproxima hasta nosotros la vida de unos personajes que parecen respirar con cada página que hemos. 

Gran parte del atractivo de Corazón blanco, corazón negro radica en el estilo de su autor, un auténtico descubrimiento literario, que cautiva desde la primera página por su capacidad única para profundizar en los sentimientos y en el alma humana, capturando con destreza toda su esencia y sus contradicciones. Pero además de su belleza narrativa, la novela es un homenaje preciosista al sexo femenino, verdadero centro y eje de todo el libro. Odell se adentra en este universo único, de lleno, capturando con ternura el entorno de las esclavas negras, sin perder la esencia de la mujer en ningún momento.

Algunos han comparado Corazón blanco, corazón negro con The Help de Katheryn Stockett aunque, sinceramente, la única similitud que se aprecia una vez que has leído ambas novelas es el origen de sus autores, ambos procedentes de Mississippi. Nada más. La novela de Odell es superior en muchos sentidos, tanto desde el punto de vista narrativo como estilístico, y cualquier comparación con The Help resulta bastante injusta e irreal.

Sin embargo, sí se le puede achacar a Corazón blanco, corazón negro un importante fallo. A pesar de la fuerza de la novela y del poderío de sus personajes, la trama pierde consistencia en los últimos capítulos de la obra. Sin demasiado sentido, Odell da un salto en el tiempo que rompe con todo el hilo narrativo y que hace que el lector se quede sin saber que ocurre con la mayoría de los personajes. Una ruptura brusca que interrumpe de una forma un tanto forzada un argumento que, exceptuando este detalle, es excepcional.

El personaje más llamativo e interesante de toda la novela es el de Polly Shine. Más allá de su cometido dentro de la novela, Odell dota a esta figura de toda una función simbólica, al encarnar en sí misma la esperanza y la libertad para los esclavos de la plantación. Un simbolismo que la convierte en una protagonista inolvidable y memorable. Pero, aunque Polly es un personaje brillante, el resto del elenco tampoco decepciona. Desde la joven Granada hasta los orgullosos señores blancos. Diferentes todos ellos pero cargados de vida y de carisma literario.

Poco puedo decir en contra de una novela que derrocha calidad literaria y narrativa en sus casi 400 páginas.

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