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Agua para elefantes

Sí, ya lo sé. Agua para elefantes era una novela casi desconocida en España hasta que apareció la cara del recientemente archiconocido Robert Pattinson en el cartel de su adaptación cinematográfica. Pero, dejando a un lado este detalle, la calidad literaria de la novela escrita por Sara Gruen es algo que resulta incuestionable y la construcción argumental que nos presenta la obra supera con creces las claras limitaciones de su película homónima.

El mundo tan desconocido de los circos se convierte en Agua para elefantes en el contexto ideal escogido por Sara Gruen para plasmar una historia que combina con acierto el amor, las aventuras y la superación personal. El protagonista es Jacob, un joven que tras perderlo todo -familia, hogar, amigos- decide dejar atrás su pasado y cambiar de vida. Para ello se embarca en un trabajo como veterinario en un circo, en el que se descubrirá a sí mismo mientras a su alrededor el mundo sucumbe a la crisis de los años treinta.

Hasta aquí el resumen superficial del argumento. Pero, por suerte, Agua para elefantes es mucho más que esto. El entorno de apariencias y falsedades que rodea el espectáculo circense sirve a la autora para abordar una reflexión velada sobre la condición humana, con todas sus bajezas y fortalezas, a lo largo de toda la obra. Las rivalidades y sentimientos cruzados que existen entre los diferentes personajes aparecen intercaladas en la novela de forma paralela a las emociones que muestran los propios animales del circo, creándose a través de esta correspondencia una crítica voraz y acertada a la esencia del hombre, tan dispuesto a rebajarse como a engrandecerse con la misma facilidad.

El personaje de August es una clara muestra del lado más villano de esta sátira social y su figura encarna el prototipo de crueldad y brutalidad, con muchas de sus acciones marcadas por la degradación humana y ética. Por el contrario, la relación de Jacob con la elefanta Rosie muestra al lector la cara opuesta de la moneda, aportando a la novela una dosis de ternura que sirve de excusa a la autora para contraponer dos visiones diferentes de la vida y conducir asimismo la exploración interna del protagonista y su evolución narrativa.

Por supuesto, el componente romántico tampoco falta en Agua para elefantes, principalmente a través de la relación amorosa de Jacob con Marlena, la estrella acrobática del circo. La incorporación del ya mencionado August cómo tercer personaje en discordia en este triángulo amoroso aporta un aliciente de tensión dramática a la novela que permite al lector alejarse por momentos del mundo colorido del circo y acercarse a las complejidades de la vida real.

El contexto en el que se enmarca Agua para elefantes tampoco parece estar elegido al azar y las complicaciones sociales, políticas y económicas de los años previos a la Segunda Guerra Mundial determinan de forma directa la trama y aportan un entorno belicoso y, al mismo tiempo agresivo, como telón de fondo de la relación cargada de pasión de Jacob y Marlena.

Agua para elefantes es, sin duda, una de esas novelas que hacen que, la casi siempre cierta frase de que las películas no acaban por superar nunca las novelas de origen, sea especialmente cierta. Y, sin ánimo de ofender a los seguidores de Robert Pattinson, el personaje de Jacob que encontramos en el libro de Sara Gruen es sencillamente incomparable con el de su adaptación cinematográfica.

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